Argentina, jornada
del miércoles 27:
declaración y fotos

El miércoles 27, una importante columna del Nuevo MAS marchó desde
el Obelisco a Plaza de Mayo para asistir al acto llamado por
el sector de la CGT encabezado por Moyano. Con el siguiente
volante difundimos allí nuestra posición independiente:

El Nuevo MAS convoca a Plaza de Mayo

Por aumento de salario para todos, la efectivización de los
precarizados, la derogación del impuesto a las ganancias
y el pago de asignaciones familiares sin topes

El miércoles 20 el gobierno intentó quebrar el paro de los camioneros militarizando las destilerías, poniendo a manejar los camiones cisterna a gendarmes, todo esto bajo la supuesta aplicación de la ley de abastecimiento. Repudiamos al gobierno de Cristina por su política de criminalizar y judicializar las luchas obreras y populares.

El Nuevo MAS en la Plaza de Mayo

Esta política no es nueva en la Argentina reciente y en el gobierno de Cristina, como lo atestiguan los más de 6.000 procesados por luchar y los asesinatos de Kosteki, Santillán, Carlos Fuentealba y Mariano Ferreyra.

La pelea entre el Gobierno de CFK y Moyano significa la ruptura de la alianza que más ayudó a apagar el incendio pos-argentinazo del 2001. Moyano, con el prestigio de “combativo” que tiene entre algunos sectores de trabajadores, se ocupó de mantener a raya la conflictividad de los ocupados, al servicio de la estabilidad capitalista del país.

La ruptura con Moyano significa, entonces, una seria crisis política. El gobierno lo acusa ahora de “desestabilizador” y “empleado de Clarín”, cuando hasta ayer era su principal aliado en el movimiento sindical. Cristina intenta así esconder el ajuste inflacionario con el fantasma de la “desestabilización”.

Las razones del enfrentamiento

El gobierno, envalentonado con el 54% de los votos, creyó que había llegado el momento de desplazar al camionero de la cabeza de la CGT y erigirse en el único árbitro de la situación del país.

A lo largo de casi toda la última década Moyano exhibió un “poder de fuego” y una autonomía relativa que, si bien les hizo un gran favor a los K negándose a convocar a medida alguna de conjunto, mantuvo siempre una capacidad de negociación y un rechazo al alineamiento incondicional. Esto lo hacía (y lo hace) un factor de poder que el gobierno nunca logró controlar del todo.

El intento de desplazarlo de la CGT tiene en gran medida el objetivo de acabar con este elemento fuera de su control, que cada dos por tres amenazaba con desafiarlos.

Pero hay también un elemento vinculado a la situación económica del país. Se han “juntado” una serie de desequilibrios que están afectando los precios, los salarios, el crecimiento económico y también –aunque de manera incipiente– el mayor logro del “modelo”: el nivel de empleo. Es decir, se cierne una amenaza sobre las condiciones de vida de las mayorías. Esta situación tiende a agravarse por la recaída de la economía mundial en la crisis. En su disputa con el gobierno, Moyano se encontró con un “aliado” en gran medida inesperado: el deterioro del “modelo K”.

Así las cosas, mientras arrecian los aumentos de los precios y el gobierno parece nuevamente asumir la necesidad de volver a la carga con la “sintonía fina”, es decir, con el ajuste, Moyano levanta una serie de reivindicaciones que son sentidas entre amplias franjas de los trabajadores y que cuestionan aspectos de ese ajuste.

La justicia de las reivindicaciones

Los reclamos que Moyano ha explicitado son: la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, que alcanza a una proporción cada vez mayor de trabajadores, a quienes se les confisca una parte importante de su salario. Se trata de un impuesto aberrante: las únicas ganancias son las de los empresarios. ¡Sólo ellos deberían tributar. En cambio, son cada vez más los trabajadores que los pagan, porque los aumentos del “mínimo no imponible” van muy por detrás de los aumentos promedios en paritarias. ¡Y este año ni siquiera aumentó! Por eso, hoy una maestra con doble cargo y 15 años de antigüedad pagará el impuesto.

El segundo reclamo es el salario familiar. Hoy tiene un techo a partir del cual no se percibe. El trabajador con un salario de más de 5.200 ya no cobra salario familiar. Es otra medida que penaliza a los trabajadores y reduce de manera indirecta su salario.

En síntesis: los puntos que reclama Moyano son justas reivindicaciones de un sector de trabajadores. Por lo tanto, deben merecer el apoyo crítico de parte de las organizaciones de la izquierda.

Un programa para todos los trabajadores

Este apoyo es crítico por varias razones. En primer lugar, porque Moyano es propatronal; tanto en relación a su propia patronal como a políticos que están a su servicio, llámense Scioli hoy, o Cristina y Rodríguez Saa ayer.

En segundo lugar, Moyano es parte orgánica de la burocracia sindical argentina, que tiene entre sus objetivos cortar de cuajo el surgimiento de la nueva generación obrera que, desde abajo, viene haciendo una experiencia de lucha y organización como hace décadas no se daba en el país. Experiencias como la de algunos ramales ferroviarios, el neumático, el subte, la alimentación, gráficos y los judiciales bonaerenses, entre muchas otras, marcan jalones de este cuestionamiento estratégico al conjunto de la burocracia sindical.

Tercero, porque el programa que levanta es muy limitado, involucra solo a un sector de trabajadores y no al conjunto. Moyano no exige, por ejemplo, aumento de salarios para todos los trabajadores y de acuerdo a la verdadera inflación. Tampoco, trabajo para todos y fin del empleo en negro.

La jornada del miércoles 27 no puede ser una medida aislada, no puede ser un acto para que Moyano salga por TV y termine sin darle continuidad. Se necesita una verdadera huelga general activa y que tome las reivindicaciones del conjunto de los trabajadores y no solo  de un sector.

Por un Encuentro Nacional de Delegados de Base

La CTA opositora –que encabeza Pablo Micheli y que esta alineada políticamente con el sojero, ex gobernador de Santa Fe, Hermes Binner– dice que no va a la plaza de Mayo y que hará un acto propio. "Si está la Mesa de Enlace yo no puedo participar", dijo Micheli para justificar su divisionismo.  El argumento no puede ser más insólito, cuando el origen de la ruptura de la CTA fue justamente el alineamiento que tuvo Micheli con la Mesa de Enlace (y de Yaski, con el gobierno). La verdadera causa es su pelea de aparato con la CGT moyanista.

Desde la izquierda, hay que dejar de hacer “mini encuentros sindicales” de cada corriente por separado y trabajar para preparar las condiciones para un Encuentro Nacional de Delegados de Base que, en medio del agravamiento de la crisis de la burocracia sindical y de su enfrentamiento con el gobierno, permita que los sectores independientes den un paso adelante hacia la conformación de una nueva dirección para la clase obrera argentina.

• No a la criminalización y judicialización de las lucha obreras.

• Por un aumento general de salarios acorde a la canasta familiar.

• Por la efectivización de todos los contratados y precarizados.

• Por la derogación del impuesto a las ganancias y el pago de asignaciones familiares a todos
los trabajadores.