|
El FMI advirtió
que la desaceleración de Brasil, China y la India
frenará
aún más el crecimiento
Duro pronóstico
para la economía global
Agence
France–Press (AFP), 07/07/2012
Tokio.–
En una señal de la creciente alarma sobre la salud
de la economía mundial , la directora gerente del Fondo
Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, anunció
ayer que el organismo rebajará las previsiones de
crecimiento debido a la profundización de la crisis, que ya
golpea a países emergentes clave como Brasil, China y la
India.
"Desgraciadamente,
las perspectivas han empeorado en estos últimos
meses", dijo ayer Lagarde, de visita en Tokio, donde se
celebrará en octubre la reunión anual del FMI y del Banco
Mundial.
"Numerosos
indicadores de la actividad económica –inversiones,
empleo, producción– se han deteriorado. Y no sólo en
Europa o en Estados Unidos, sino también en varios países
emergentes clave como Brasil, China, la India", precisó.
Por ello, las
previsiones de crecimiento mundial que el FMI va a publicar
dentro de diez días serán "un poco más bajas",
aunque "sin cambios enormes", que las últimas
presentadas a mediados de abril, advirtió Lagarde.
En sus
previsiones de abril, el FMI anticipó un crecimiento de la
economía mundial del 3,5% este año y del 4,1% en 2013.
Ambas cifras eran superiores a las anticipadas en enero
pasado.
A contramano
de los pronósticos del FMI, el ministro de Hacienda brasileño,
Guido Mantega, dijo anteayer que el gobierno iba a trabajar
"para crecer más que en 2011", cuando la economía
avanzó el 2,7%.
De todos
modos, Mantega, que a principios de año había anunciado
una suba del PBI cercana al 5%, evitó dar cifras exactas
sobre cuál será el avance de la economía.
El funcionario
fue criticado por varios analistas que consideran agotada la
estrategia brasileña de destinar recursos públicos y
aplicar exoneraciones impositivas para estimular el consumo
y el crecimiento.
Anteayer, en
un intento de tratar de reactivar la economía mundial, tres
importantes bancos centrales entraron en acción. El Banco
Central Europeo (BCE) redujo su tasa de referencia a un mínimo
histórico de 0,75%, el de China recortó su tasa de interés
por segunda vez en un mes y el británico lanzó un estímulo
en su economía de 78.000 millones de dólares.
En la eurozona,
la medida del BCE fue considerada insuficiente por los
mercados, que reaccionaron en forma negativa ya que esperan
que el banco compre deuda soberana o adopte otras medidas
para estimular la economía.
El mercado más
perjudicado fue el español, que por segundo día
consecutivo se desplomó y perdió 3,1%. En tanto, el riesgo
país se disparó una vez más y se situó por encima de los
560 puntos (cerró en 562), aunque quedó lejos del récord
histórico de 589 puntos alcanzado en junio.
La
rentabilidad del bono a diez años regresó también a los
niveles previos a la cumbre europea de la semana pasada, y
cerró en 6,94%, cerca del nivel (7%) a partir del cual
fueron rescatados otros países, como Grecia y Portugal.
En Estados
Unidos el panorama ayer tampoco fue muy alentador. El
Departamento de Trabajo informó que en junio se crearon
solamente 80.000 empleos netos, menos que los 90.000
esperados por los analistas. Esto eleva las probabilidades
de que la Reserva Federal lance nuevas medidas de estímulo.
Con el fin de
resolver los problemas de endeudamiento, financieros y económicos,
Lagarde dijo ayer que en los últimos meses se hicieron
"esfuerzos extraordinarios" . Entre ellos, destacó
el acuerdo alcanzado la semana pasada por los dirigentes
europeos, que, según dijo, va "en la buena dirección".
Los dirigentes
europeos aprobaron en la cumbre de Bruselas, hace ocho días,
recapitalizar directamente a los bancos en dificultades a
través de los fondos de ayuda europeos y habilitaron también
a éstos a comprar deuda pública de los países en
dificultades en el mercado secundario. También se decidió
crear un mecanismo único de supervisión financiera.
"Siempre
hemos dicho que además de un cortafuegos [mecanismo de
ayuda preventivo] [...], además de la intervención del
Banco Central [...] se necesita una zona euro más unida, no
sólo con una moneda única sino con una unión bancaria y
una unión presupuestaria", dijo Lagarde.
Los europeos
han "decidido avanzar hacia una unión bancaria. Deben
ponerla en marcha", sostuvo la directora gerente del
FMI y agregó: "Para nosotros, la próxima etapa será
una unión presupuestaria que complete la unión monetaria y
bancaria".
Interrogada
sobre el escepticismo del acuerdo europeo y las medidas de
los bancos centrales, Lagarde aseguró que "lleva un
poco de tiempo para que los mercados, los inversores y los
banqueros digieran este tipo de decisiones".
Cambio de
tendencia en el mundo: los BRICS se desaceleran
Brasil:
El crecimiento de su economía se ralentizó en la primera
mitad del año respecto a 2011, lo que sembró dudas sobre
la salud del principal mercado emergente de la región.
China:
La caída del mercado inmobiliario local, el freno de las
exportaciones y la pérdida de confianza de los consumidores
generaron una abrupta desaceleración del principal motor de
la economía global.
India:
El desplome en la producción industrial y las
exportaciones, causada por el descenso del consumo local y
externo, generó cientos de miles de nuevos desocupados.
Rusia:
La desaceleración de los últimos meses fue una nueva señal
de que, tras el sólido inicio de año, Rusia ya siente el
enfriamiento global; una caída del precio del crudo
complicaría su situación.
Sudáfrica:
La recesión en Europa –que compra un 20% de las
exportaciones sudafricanas– golpeó a la mayor economía
del continente africano; su crecimiento económico sufre una
desaceleración.
La producción
manufacturera se repliega
en todo el mundo
Por Ben
Casselman y Neil Shah
Wall
Street Journal, 03/07/2012
La
desaceleración de la economía mundial quedó de manifiesto
el lunes en las cifras de producción industrial.
El sector
manufacturero estadounidense se contrajo en junio por
primera vez desde julio de 2009, anunció el Instituto de
Gestión de Suministros. Además, las exportaciones cayeron
en abril por primera vez desde noviembre y los nuevos
pedidos de las fábricas, un indicador de actividad futura,
registraron su descenso más acelerado desde octubre de
2001, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de
ese año.
Se trata de la
evidencia más contundente de que los problemas económicos
de Europa y el enfriamiento en China causan estragos en las
manufacturas, uno de los principales motores de la
recuperación de Estados Unidos. El índice de actividad
industrial del Instituto de Gestión de Suministros cayó de
53,5 puntos en mayo a 49,7 el mes pasado. Las cifras por
debajo de 50 indican una contracción. Los nuevos pedidos de
las fábricas descendieron de 60,1 a 47,8 y los nuevos
pedidos de exportación bajaron de 53,5 a 47,5. Muchos de
los sectores que se contrajeron –petrolero, de plásticos
y de productos químicos– están ligados a las materias
primas, cuyos precios han registrado bruscas caídas en los
últimos meses.
El resto del
mundo también da señales de estar perdiendo impulso. La
producción industrial de la zona euro prosiguió su declive
en junio. Incluso Alemania, la economía más importante de
Europa, se contrajo a su paso más rápido en tres años.
En China, la
segunda economía del mundo, el Índice de Gerentes de
Compras del banco HSBC descendió a 48,2 puntos en junio
frente a 48,4 en mayo. El repliegue de la actividad en Corea
del Sur y Taiwán redondea un panorama poco alentador en
Asia.
En Brasil, la
principal economía de América Latina, el Índice de
Gerentes de Compras de HSBC cayó de 49,3 en mayo a 48,5 en
junio, el bajón más pronunciado desde octubre de 2011.
Los mercados
acusaron el impacto. El Promedio Industrial Dow Jones llegó
a perder 85 puntos antes de recuperar terreno y cerrar en
12.871,39 unidades, 0,07% menos que el viernes. El euro se
debilitó 0,8% frente al dólar para ubicarse en US$1,2584.
El remezón ocurre luego de que la semana pasada los
inversionistas acogieran los esfuerzos de Europa para
contener la crisis de la deuda soberana.
La crisis
financiera de Europa y el enfriamiento en China reducen la
demanda de bienes estadounidenses, lo que frena la producción
y la inversión de las empresas manufactureras. La
incertidumbre económica de EE.UU. y los temores de la política
financiera del gobierno, en particular, también podrían
estar postergando las decisiones de compañías de todos los
sectores, dicen los inversionistas.
Ford Motor Co.
advirtió la semana pasada que las pérdidas en sus
operaciones internacionales en el segundo trimestre podrían
bordear los US$570 millones. La automotriz estadounidense
indicó que la situación en Europa "se ha deteriorado
de manera significativa" desde enero.
Un factor que
agrava el panorama para los fabricantes estadounidenses,
aparte de la disminución de la demanda proveniente de
Europa, es la caída del euro frente al dólar, lo que
encarece sus productos.
El fabricante
de motocicletas Harley–Davidson Inc. registró una reducción
de sus ventas europeas a principios de año conforme la
crisis de deuda desalentó a los consumidores y el
debilitamiento del euro aumentó sus precios. "Todo lo
que mandamos a Europa se fabrica en EE.UU., de modo que la
moneda tiene un gran impacto, en especial si las divisas
extranjeras se están devaluando", afirmó la semana
pasada ante un grupo de inversionistas John Olin, director
de finanzas de la empresa.
La abrupta caída
en el índice del Instituto de Gestión de Suministros
seguramente generará especulación de que la economía
estadounidense, que en los últimos tres años se ha
expandido, corre el riesgo de caer en recesión. Por ahora,
los economistas dudan que eso ocurra en parte porque otras
partes de la economía, como las ventas de autos y el sector
inmobiliario, han mostrado signos de mejoría. El índice
"debería repuntar y la economía estadounidense seguirá
creciendo", señala Paul Dales, economista de la
consultora Capital Economics.
Las malas
noticias económicas también podrían generar especulación
de que la Reserva Federal de EE.UU. redoblará sus esfuerzos
para estimular la economía mediante medidas poco ortodoxas.
The
West is in a contained depression
Panic
has become all too rational
By
Martin Wolf
Financial
Times, June 5, 2012
Suppose
that in June 2007 you had been told that the UK 10–year
bond would be yielding 1.54 per cent, the US Treasury 10–year
1.47 per cent and the German 10–year 1.17 per cent on June
1 2012. Suppose, too, you had been told that official short
rates varied from zero in the US and Japan to 1 per cent in
the eurozone. What would you think? You would think the
world economy was in a depression. You would have been wrong
if you had meant something like the 1930s. But you would
have been right about the forces at work: the west is in a
contained depression; worse, forces for another downswing
are building, above all in the eurozone. Meanwhile, policy
makers are making huge errors.
The
most powerful indicator – and proximate cause – of
economic weakness is the shift in the private sector
financial balance (the difference between income and
spending by households and businesses) towards surplus.
Retrenchment by indebted and frightened people has caused
the weakness of western economies. Even countries that are
not directly affected, such as Germany, are indirectly
affected by the massive retrenchment in their partners.
According
to the International Monetary Fund, between 2007 and 2012
the financial balance of the US private sector will shift
towards surplus by 7.1 per cent of gross domestic product.
The shift will be 6.0 per cent in the UK, 5.2 per cent in
Japan and just 2.9 per cent in the eurozone. But the latter
contains countries with persistent private surpluses,
notably Germany, ones with private sectors in rough balance
(such as France and Italy) and ones that had huge swings
towards surplus: in Spain, the forecast shift is 15.8 per
cent of GDP. Meanwhile, emerging countries will also have a
surplus of $450bn this year, according to the IMF.
One
would expect feeble demand in such a world. The willingness
to implement expansionary monetary policies and tolerate
huge fiscal deficits has contained depression and even
induced weak recoveries. Yet the fact that unprecedented
monetary policies and huge fiscal deficits have not induced
strong recoveries shows how powerful the forces depressing
economies have been. This is the legacy of a huge financial
crisis preceded by large asset price bubbles and huge
expansions in debt.
Finance
plays a central role in crises, generating euphoria, over–spending
and excessive leverage on the way up and panic, retrenchment
and deleveraging on the way down. Doubts about the stability
of finance depend on the perceived solvency of debtors. Such
doubts reached a peak in late 2008, when loans secured
against housing were the focus of concern. What is happening
inside the eurozone is now the big worry, with the twist
that sovereigns, the actors upon whom investors depend for
rescue during systemic crises, are among the troubled
debtors. Such doubts are generating a flight to safety
towards Germany and, outside the eurozone, towards countries
that retain monetary sovereignty, such as the US and even
the UK (see chart).
It
is often forgotten that the failure of Austria’s
Creditanstalt in 1931 led to a wave of bank failures across
the continent. That turned out to be the beginning of the
end of the gold standard and caused a second downward leg of
the Great Depression itself. The fear must now be that a
wave of banking and sovereign failures might cause a similar
meltdown inside the eurozone, the closest thing the world
now has to the old gold standard. The failure of the
eurozone would, in turn, generate further massive disruption
in the European and even global financial systems, possibly
even knocking over the walls now containing the depression.
How
realistic is this fear? Quite realistic. One reason for this
is that so many fear it. In a panic, fear has its own power.
To assuage it one needs a lender of last resort willing and
able to act on an unlimited scale. It is unclear whether the
eurozone has such a lender. The agreed funds that might
support countries in difficulty are limited in a number of
ways. The European Central Bank, though able to act on an
unlimited scale in theory, might be unable to do so in
practice, if the runs it had to deal with were large enough.
What, people must wonder, is the limit on the credit that
the Bundesbank would be willing (or allowed) to offer other
central banks in a massive run? In a severe crisis, could
even the ECB, let alone the governments, act effectively?
Furthermore,
people know that both banks and sovereigns are under severe
stress in important countries that seem to lack any prospect
of an early return to growth and so suffer the costs of high
and rising unemployment. No better indication of this can be
imagined than Spain’s final cry for help with its banks.
Political systems are under stress: in Greece, a fragile
democracy has imploded. Meanwhile, the German government
seems to have reiterated opposition to more support.
How
much pain can the countries under stress endure? Nobody
knows. What would happen if a country left the eurozone?
Nobody knows. Might even Germany consider exit? Nobody knows.
What is the long–run strategy for exit from the crises?
Nobody knows. Given such uncertainty, panic is, alas,
rational. A fiat currency backed by heterogeneous sovereigns
is irremediably fragile.
Before
now, I had never really understood how the 1930s could
happen. Now I do. All one needs are fragile economies, a
rigid monetary regime, intense debate over what must be
done, widespread belief that suffering is good, myopic
politicians, an inability to co–operate and failure to
stay ahead of events. Perhaps the panic will vanish. But
investors who are buying bonds at current rates are
indicating a deep aversion to the downside risks. Policy
makers must eliminate this panic, not stoke it.
In
the eurozone, they are failing to do so. If those with good
credit refuse to support those under pressure, when the
latter cannot save themselves, the system will surely perish.
Nobody knows what damage this would do to the world economy.
But who wants to find out?
|