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Huelga
estudiantil en Québec
¿La América
Latina del Norte?
Por Thomas
Chiasson-LeBel y Karine L'Ecuyer (*)
ALAI, América
Latina en Movimiento, 23/07/2012
Desde mediados
de febrero, la Provincia de Québec (Canadá) es escenario
de un movimiento de protestas populares de una magnitud sin
precedentes. Su
origen es la huelga estudiantil más importante en la
historia de la Provincia.
En su momento más fuerte, más de 300.000
estudiantes postsecundarios abandonaron las aulas (sobre un
total de aproximadamente 400.000[1]).
Las tres manifestaciones más importantes movilizaron
más de 200.000 personas[2].

A más de estas concentraciones gigantescas, el
movimiento estudiantil sorprendió por la cantidad (varias
por día) y la creatividad de sus formas de acción, como
también por su valentía frente a las medidas represivas
estatales. El
período de verano ha marcado un momento de calma; pero
considerando que el gobierno ha aprobado una ley especial
anti-huelga que suspendió el periodo escolar en varias
instituciones, es posible que a partir de mediados de
agosto, con el retorno forzado a las aulas, el movimiento
encuentre un nuevo aliento.
Las
reivindicaciones estudiantiles
La
reivindicación que dio origen al movimiento fue la oposición
al incremento gradual en 75% de las cuotas de escolaridad
que debe aplicarse en septiembre de 2012.
Este aumento llevará las cuotas de escolaridad a un
promedio de $ 3.800 [3] por año en 2017.
Ello ocurre luego de una primera ola de alzas en el
costo de las cuotas, que pasaron de $ 1.700 por año en 2007
a $ 2.200 en promedio para el año 2012.
Si el plan del gobierno se mantiene, significará
duplicar los costos en apenas diez años.
Pero la médula
de la huelga estudiantil va mucho más allá que una simple
cuestión de dinero: es la voluntad de defender a la
universidad como un lugar universalmente accesible de
intercambio de conocimientos y de desarrollo del pensamiento
crítico. No
obstante, a pesar de la movilización sin precedentes, el
Gobierno ha mantenido una línea dura, desplegando a la
policía en lugar de negociar, aun cuando las sumas en juego
no son muy significativas para el presupuesto del Estado[4].
Esta terquedad gubernamental justifica la tesis según
la cual, detrás del aumento de las cuotas de escolaridad,
se perfila, de hecho, la voluntad de transformar la relación
de los estudiantes con su educación.
No se trata tanto de refinanciar las universidades,
cuanto que de establecer el principio del
"usuario-pagador", con el cual la educación pasaría
de la esfera del derecho[5] a la de bien de consumo, o mejor
dicho de activo, en el que los individuos invierten egoístamente
con miras a aumentar su capital humano para venderse mejor
en el mercado laboral.
Ahora bien,
transformar la educación y el conocimiento en una mercancía
solo puede favorecer a quienes ya están en condiciones de
beneficiarse del desarrollo de este mercado, en detrimento
de quienes luchan por condiciones dignas en una sociedad
capitalista.
En su lucha
contra el aumento de las cuotas, el movimiento estudiantil
se opone al modelo de sociedad que pretende imponer un
gobierno corrupto a sueldo de los intereses de la burguesía[6]. Existe, entonces, una lucha de clases en Quebec, tanto en términos
de actores implicados como de contenidos.[7]
Políticos
corruptos pro extractivismo
Para entender
este movimiento, es necesario ubicarlo en el contexto.
Además de sus particularidades institucionales (la
educación siendo de jurisdicción provincial, Quebec ha
desarrollado una red propia de educación postsecundaria,
sobre todo francófona), el contexto de Quebec también está
marcado por la corrupción.
El gobierno del Partido Liberal, en el poder desde
2003, ha sido objeto de numerosas denuncias relativas a los
contratos públicos, que serían más fácilmente otorgados
a los donantes del partido.
Es más, el
gobierno implementa políticas de desarrollo extractivista
que enfrentan una fuerte oposición. Los proyectos de explotación de gas de esquisto en el valle
del río San Lorenzo han provocado muchas reacciones. Recientemente, el gobierno puso en marcha su principal plan
de desarrollo de la provincia, el Plan del Norte.
Se trata de un proyecto de grandes inversiones (80
mil millones de dólares) principalmente estatales, para la
construcción de infraestructura para que las empresas
mineras saqueen los recursos no renovables del Norte.
Sin embargo, las inversiones anunciadas están lejos
de garantizar una rentabilidad adecuada[8] y hay frecuentes
tensiones con los pueblos indígenas de la región.
Si bien la huelga se centró en demandas en el área
de la educación, se podía oír a manifestantes que
gritaban: "No a la minería gratuita, sí a la educación
gratuita".
De este modo,
el tema de la educación se transformó en una reflexión
sobre el proyecto social.
Sin embargo, es sin duda el movimiento estudiantil el
que está a la raíz del levantamiento.
La creatividad
de un movimiento
La movilización
estudiantil marcará a Quebec por la diversidad de sus modos
de acción. Además
de las manifestaciones tradicionales y de algunos bloqueos
de carácter económico, los y las manifestantes dejaron
rienda suelta a su imaginación: manifestaciones (casi)
desnudas, sesiones de yoga en medio de intersecciones muy
transitadas, tatuajes con el cuadrado rojo…
Otro ejemplo,
la huelga tuvo un símbolo: un pequeño cuadrado de fieltro
rojo, que estudiantes y simpatizantes de la causa se
abrochaban en un lugar visible.
Las calles de Quebec están repletas de personas que
lo lucen y así se reconocen entre ellas.
Este símbolo ha adquirido la suficiente fuerza como
para que el gobierno se sienta obligado a demonizarlo, asociándolo
con la violencia y la intimidación[9].
Debido a que lo llevaban, algunos electores fueron
impedidos de votar en una elección local[10], mientras que
hay reportes periodísticos de casos de flagrante
discriminación política por parte de la policía[11]. Este símbolo,
fácilmente reproducible, se ha convertido en un entramado
político en sí mismo.
Otro punto
fuerte del movimiento es el uso de las redes sociales, que
han ayudado a contrarrestar los medios de comunicación
tradicionales. Alimentando
el sensacionalismo, éstos tienden a retratar a los
manifestantes como violentos; imagen que fue corregido por
videos aficionados y fotos que circulan en Internet, que
pusieron de relieve la violencia de la represión.
Ello explica probablemente la continuación del
movimiento, a pesar de una represión sin precedentes.
En efecto, se contabilizan más de 3.000 detenidos,
entre ellos un diputado, y varios heridos de gravedad.
Este flujo de
información ha erosionado, posiblemente, la legitimidad de
la violencia estatal. Ello
ayuda a explicar por qué la ley especial, aprobada a fines
de mayo, haya sido tan poco respetada.
Esta ley, que apuntaba a aplastar el movimiento
mediante la suspensión del periodo escolar de los
huelguistas hasta mediados de agosto, incluye también
restricciones a la libertad de expresión y asociación y la
imposición de multas a las asociaciones estudiantiles si
uno solo de sus miembros intenta limitar el acceso a los
cursos en las instituciones que hayan decidido reanudar el
periodo.
Menos de una
semana después de su adopción, una manifestación
gigantesca se negó a cumplir las condiciones relativas a
las manifestaciones impuestas por la ley especial.
Millares de personas realizaron de esta forma un acto
de desobediencia civil.
Es más, tal desobediencia fue ampliamente practicada
y reivindicada. Desde
los inicios del conflicto, algunos estudiantes opuestos a la
huelga solicitaron medidas cautelares a través de los
tribunales para poder tener acceso a sus cursos, en contra
de la votación mayoritaria de sus asambleas generales.
La reacción de los huelguistas ha sido, en varios
casos, la de oponerse, violando por lo tanto la orden de la
corte. Esta
negativa a acatar a los tribunales era poco común en Quebec.
La indignación
que provocó la aprobación de la legislación especial se
ha extendido a muchos otros sectores de la población,
haciendo que Quebec tome prestado de América Latina la idea
de los "cacerolazos".
Durante varias semanas, en muchas ciudades y barrios,
la gente salió espontáneamente en las calles cada noche a
golpear sus ollas. Así
se concretó el lema reiterativo de que: "la huelga es
estudiantil, la lucha es popular".
La estructura
democrática del movimiento ha sido sin duda uno de los
pilares de su tenacidad y su combatividad. La organización de estudiantes más a la izquierda, la
Coalición Amplia de la Asociación para una Solidaridad
Sindical-Estudiantil (CLASSE por sus siglas en francés),
siempre ha representado una proporción significativa de los
huelguistas, y su funcionamiento se basaba en el control
democrático del movimiento y de sus voceros.
La legitimidad de los representantes resulta de la
consulta regular de las asambleas generales de cada
institución en huelga. Las prácticas de la democracia directa, ampliamente
aplicadas, habrían alentado la auto-organización de los y
las huelguistas, dejando un amplio espacio para la
creatividad de los millares de manifestantes.
El francés,
lengua oficial de Quebec, es una lengua latina, y con el
movimiento que se ha expandido en toda la provincia, hay que
preguntarse si esta provincia no es, de alguna manera, la América
Latina del Norte.
* Thomas
Chiasson-LeBel es estudiante de Doctorado en ciencias políticas
en la Universidad York. Es también miembro del comité
editorial de “Nouveaux Cahiers du socialisme”. Karine
L'Ecuyer es profesora en Técnicas de museología al Collège
Montmorency y estudiante (en huelga!) de la maestría en
sociología de la Université du Québec en Montréal.
Notas:
1) De acuerdo
con el Ministerio de Educación, Recreación y Deportes:
http://www.mels.gouv.qc.ca/rentree2011/index.asp?page=statistiques#h1
2) Además de
las del 22 de marzo y 22 de mayo, tomamos en cuenta la
manifestación ambientalista del Día de la Tierra (22 de
abril) marcada por una fuerte participación de estudiantes. Dado que la provincia cuenta aproximadamente 8 millones de
habitantes, equivaldría, en términos relativos, a una
multitud de más de 2 millones de personas en las calles de
París.
3) En dólares
canadienses: CAD$ 1 = US $ 0,98.
4) En total, y
restando las diversas medidas de compensación, el aumento
de las cuotas representaría un estimado de $ 150 millones
por año, o sea, menos del 3% del total de ingresos de las
universidades de Quebec, y aproximadamente el 1% del
presupuesto del Ministerio de Educación.
5) La educación
hace parte de los derechos reconocidos por diversas cartas
de las Naciones Unidas, entre ellos el PIDESC, cuyo Artículo
13c dice: "La enseñanza superior debe hacerse
igualmente accesible a todos, sobre la base de la capacidad
de cada uno, por cuantos medios sean apropiados, y en
particular por la implantación progresiva de la enseñanza
gratuita".
6) El vínculo
entre el gobierno y la burguesía se hace evidente en las
declaraciones públicas de las Cámaras de Comercio y del
Consejo de Empresarios de Quebec.
Estas organizaciones empresariales apoyaron las
diversas medidas destinadas a mercantilizar la educación. Véase
Thomas Chiasson-Lebel, con colaboración de Flavie Achard,
Karine L'Ecuyer y Philippe Hurteau. « Grève et tensions
dans les universités et les cégeps », Nouveaux Cahiers du
socialisme, no. 8, agosto 2012.
7) Para una
elaboración de la argumentación sobre la lucha de clases,
ver ibid.
8) La
economista jefa del Mouvement des caisses populaires
Desjardins –quien está lejos de ser una militante de
izquierda– hizo hincapié en que los impactos en el sector
extractivo son fluctuantes y que las inversiones
involucradas en el Plan del Norte apenas aportarían $ 570
millones por año en ingresos fiscales. Ver:
Joëlle Noreau, « Les ressources naturelles: un potentiel
en or ? », Perspectives, Revue d’analyse économique,
vol. 21, verano de 2011.
9)
Ver: Jean-François Nadeau, « Le carré rouge de Fred
Pellerin : ‘violence et intimidation’, affirme la
ministre de la Culture », Le Devoir, 9 de junio de 2012.
10)
Isabelle Porter, « Le carré rouge crée de la confusion
dans un bureau de vote d’Argenteuil », Le Devoir, 5 de
junio de 2012.
11)
Catherine Lalonde, Raphaël Dallaire-Ferland, « Carrés
rouges, vos papiers », Le Devoir, 11 de junio de 2012.
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