Crisis europea

Semana crucial para el futuro de Europa

“Rescate” de España y cumbre europea

Deutsche Presse-Agentur (DPA), 25/06/2012

Berlin.– La solicitud formal del rescate de la banca española hoy y la cumbre europea del jueves y el viernes marcarán el principio y el final de una semana que puede modificar el paisaje de la crisis en Europa.

Madrid, Berlín y Bruselas concretarán en estos cinco días procesos que llevan meses gestándose, desde el esperado final del thriller en torno de las ayudas a España hasta la incorporación de la palabra "crecimiento" al discurso anticrisis alemán y europeo.

"Una mera formalidad", definió el ministro de Economía español Luis de Guindos la solicitud del rescate para la banca española. El pedido consiste en "una carta de dos párrafos en la que no aparece ningún tipo de cantidad".

Pero no piensa lo mismo el resto de Europa. Desde la canciller alemana, Angela Merkel, hasta el jefe del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, venían pidiendo abiertamente a Madrid que solicitara "cuanto antes" las ayudas para serenar por fin los mercados, sedientos de claridad y detalles.

El gobierno de Mariano Rajoy –que sigue evitando la palabra "rescate"– calla el monto que pedirá de los hasta 100.000 millones de euros que tiene a su disposición. Los informes de las auditorías encargadas por Madrid estiman que la banca española necesita un máximo de 62.000 millones de euros.

La sola mención de un número concreto, que se conocería el 9 de julio, bastó para bajar el viernes pasado la prima de riesgo española (480 puntos) y hacer subir la bolsa (1,5%).

Pero la cita crucial para la arquitectura europea se producirá el jueves y el viernes con la cumbre de líderes de la UE en Bruselas, donde el bloque complementará su receta de disciplina presupuestaria con nuevas medidas de estímulo al crecimiento.

"Deseamos un paquete de medidas de 130.000 millones de euros para estimular el crecimiento", explicó el premier italiano, Mario Monti, tras una minicumbre en Roma con Merkel, Rajoy y el presidente francés, François Hollande. El encuentro entre los líderes de las cuatro mayores economías del euro refleja nuevos aires en Europa, reposiciona a Rajoy en la escena internacional y marca distancias con los tiempos en que la dupla "Merkozy" definía por su cuenta el destino europeo.

Para reforzar la importancia del eje Berlín-París, sin embargo, Merkel y Hollande volverán a reunirse a solas pasado mañana.

El retorno del socialismo al poder en Francia es uno de los factores que explican que Merkel sumara la idea del crecimiento a su discurso y se abriera al giro que se concretará en la cumbre.

También pesó la evidencia de que el ahorro no basta para resolver la crisis y meses de creciente presión internacional sobre la canciller.


La eurozona, camino de un infierno dantesco

Lo que se juega en los próximos ocho días

Por Wolfgang Münchau (*)
Der Spiegel, 20/06/2012

Sin Permiso, 24/06/12
Traducción de Mínima Estrella

¿Qué deberíamos preferir en la crisis del euro? ¿Acaso un final espantoso, antes que un espanto sin final? ¡De ningún modo! Sería la ruina, incluso para Alemania. Y sin embargo, la política de la Canciller Angela Merkel nos lleva derechamente a un infierno dantesco.

Hace muchos años, saqué de quicio a una maestra en una redacción escolar que criticaba a la SPD por haber tolerado la política económica deflacionista del socialcristiano conservador] Heinrich Brüning durante la República de Weimar. Hacer tamaña observación en una ciudad regida por la SPD, en un Land federado regido por la SPD y en un Estado federal gobernado entonces por la SPD resultaba políticamente incorrecto. A resultas de ese episodio –y de la mala calificación obtenida—, siempre me he mantenido resueltamente crítico con el consenso.

También hoy le resulta difícil a la izquierda enfrentarse a la narrativa conservadora dominante de la eurocrisis. Una narrativa, según la cual la crisis fue causada por falta de disciplina presupuestaria; según la cual, en una crisis, lo que hay que hacer es ahorrar; según la cual, el mal de base en la Europa meridional es la falta de reformas; según la cual, no se precisa unión fiscal o unión bancaria. Y según la cual, toda va bien, mientras nos atengamos a las reglas.

La tesis es obvia, plausible y falsa. Exactamente igual que la tesis favorita de los años 30: la de la contracción económica saludable. Igualmente plausibles y falsas son las soluciones de Thilo Sarrazin: “Dejad que Grecia salga del euro, y todo irá de perillas”.

Esas narrativas dominantes son desgraciadamente compartidas por muchos de mis lectores [alemanes]. Demasiado a menudo se deja oír la sabiduría de necios: “Mejor un final espantoso que un espanto sin fin”. Me opongo enérgicamente a ese apotegma. El contenido de verdad de lo enunciado depende lógicamente de la naturaleza del espanto al que, en uno u otro caso, uno se ve expuesto. En la Alemania de los años treinta, la depresión finalizó con un espanto.

Quien ahora exige el final del espanto, subestima, como sus hermanos ideológicos de sangre en los años 30, los costes económicos, sociales y políticos de tan desapoderado acto de violencia. Mientras, en cambio, cuenta hasta el último guisante –y muchas veces, por partida doble o triple— de los supuestos costes de los programas de rescate o de una unión fiscal.

Tenemos todavía ocho días por delante

Un final con espanto sería ruinoso, precisamente para Alemania. Por lo pronto, el mercado interior europeo no sobreviviría a un regreso a los tipos de cambio flexibles. La industria exportadora alemana no se recuperaría del golpe. También amenaza un colapso financiero. El Bundesbank (banco central alemán) tiene, frente al BCE, deuda activa por un monto rayano en los 700 mil millones de euros, que resultan del sistema de pagos Target 2 [el sistema automatizado transeuropeo para la transferencia urgente con liquidación bruta en tiempo real; N.T.]. Esa deuda activa sube mes tras mes. Si el desplome llegara a fin de año, amenazan unas pérdida totales de una magnitud situada entre 1 y 2 billones de euros, incluida la cobertura del riesgo de los paraguas protectores y del rescate de los bancos alemanes que quebrarían. Eso significa entre el 40% y el 80% de nuestro PIB.

La política de ganar tiempo practicada por Angela Merkel es todavía más ruinosa. A cada mes que pasa, las cargas soportadas por Alemania en el sistema son más pesadas. Un ejemplo de esa locura lo da la explosión de la deuda griega. Cuando comenzó la crisis, el peso de la deuda de Grecia era sólo del 100%. Tras varios años de ahorro y austeridad, y a pesar de la quita de deuda, su coeficiente deudor es ahora más elevado. Si ahora España e Italia tienen que entrar a cobijarse igualmente bajo el paraguas, eso significa que Alemania y Francia, de consuno, tendrán que garantizar más de 4 billones de euros de deudas. Eso es más que el ingreso anal de los dos países juntos. Estamos, así pues, en un rumbo derechamente aproado a la mayor bancarrota estatal de la historia universal.

Sólo conozco dos soluciones capaces de evitar eso: una adopción de la deuda por parte del BCE; o una mutualización parcial de las deudas a través de eurobonos y una unión bancaria.

La política de Merkel nos lleva al Infierno de Dante: “Quien aquí entre, abandone toda esperanza”.

Para empezar a poner por obra una reforma tenemos ocho días: hasta la próxima cumbre de la UE [el 28 de este mes de junio]. Si la Canciller no se allana a lo que significaría el mayor giro político hasta la fecha, entonces mis críticos tendrán el placer de comprobar experimentalmente sus tesis del final del espanto. Me acuerdo ahora del malvadamente mordaz comentario del gran economista keynesiano John Kenneth Galbraith a propósito del monetarista Milton Friedman: "La desgracia de Milton es que puso a prueba sus propias teorías”.

Cuando escribí trabajo en la escuela, estaba simplemente decepcionado por la posición político-económica de los socialdemócratas. Lo que entonces no me podía caber en la cabeza era porqué la SPD pudo hacer algo así. Lo que el curso de la presente crisis me ha enseñado es lo rápidamente que puede irrumpir una histeria irracional de masas en un país democrático, y hasta qué punto puede llegar a calar incluso en el lado izquierdo del espectro político.


* Wolfgang Münchau es coeditor del Financial Times en Londres y columnista destacado del más importante semanario alemán, el Spiegel de Hamburgo.


España consigue un rescate, pero eso no cambia nada

Por Paul Krugman (*)
El País, 25/06/2012
Traducción de News Clips

Vale, España ha conseguido que rescaten sus bancos. Básicamente es como el Programa de Alivio de Activos Problemáticos (TARP, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

Un organismo del Gobierno español proporcionará dinero a los bancos, supuestamente a cambio de una participación en el accionariado, con el propósito de garantizar a los depositantes y prestamistas interbancarios que sus fondos estarán seguros aunque las entidades sufran grandes pérdidas.

La cuestión es que esas pérdidas inicialmente saldrán del nuevo montón de efectivo, de modo que no se producirán impagos de la deuda.

La pega es que el Gobierno español carece de dinero y debe pagar unos tipos elevados para solicitar préstamos en el mercado, de modo que este dinero es un crédito de economías europeas más fuertes, probablemente a unos tipos por debajo del mercado.

Lo que debemos preguntarnos es: ¿qué problema resuelve esto? Tal vez –y solo tal vez– ponga fin temporalmente al catastrófico círculo vicioso de fondos que huyen de los bancos españoles, lo cual obliga a las entidades a vender activos, cosa que los deprecia y genera más dudas sobre su solvencia. (En este caso tampoco ayudará en la medida en que los temores guardan más relación con la ruptura del euro que con una suspensión de pagos.) Pero no hace nada por restablecer la competitividad española o aliviar el sufrimiento que causa la austeridad.

Por tanto, todo ello sirve a lo sumo para ganar tiempo, al igual que el programa de préstamos del Banco Central Europeo del pasado otoño.

¿Qué hará Europa con ese tiempo? Si hemos de guiarnos por su comportamiento anterior, la respuesta es nada.


* Premio Nóbel de Economía del año 2008.