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Una
reacción en cadena puede precipitar la ruptura total de la
eurozona
Vuelve
a hablarse de la salida de Grecia del euro
Ante
el riesgo de una profecía autocumplida
Por
Paul Taylor
Agencia Reuters, 23/07/2012
Paris.– Para
entender el impacto de una eventual salida de Grecia de la
eurozona hay que imaginarse la escena de una ronda de
apostadores.
Mientras los
cirujanos se preparan para amputar un pie con gangrena para
impedir que la septicemia se extienda a las partes sanas del
cuerpo, desde la tribuna los jugadores apuestan a cuál será
el próximo miembro que irá a cuchillo.
Las
especulaciones sobre la posible salida de Grecia ya
profundizaron la desconfianza de los inversionistas en la
unidad monetaria integrada por 17 países y contribuyeron a
encarecer el costo del endeudamiento para Italia y España.
Esos rumores también hacen más difícil planear el reingreso
en los mercados de Irlanda y Portugal, dos países que ya
funcionan bajo el duro régimen del rescate.
Algunos políticos
y funcionarios de bancos centrales europeos no verían mal
deshacerse de un miembro díscolo para escarmentar a los otros
y advertirles que no deben abusar de los privilegios del club.
Otros planificadores políticos y operadores de los mercados
temen que empujar a Grecia al abismo provoque una reacción en
cadena, que se materializaría en ingentes pérdidas para los
inversores y los contribuyentes, o incluso en la ruptura de la
eurozona.
En diferentes
momentos, la canciller alemana, Angela Merkel, se mostró de
uno y otro lado de ese debate. En noviembre dijo que asegurar
la estabilidad del euro era más prioritario que garantizar la
membresía de Grecia. Pero también dijo que la salida de
Grecia tendría un desastroso "efecto dominó" que
ahuyentaría a los inversores de Europa.
El mes pasado,
la elección de un gobierno griego comprometido con el
programa de ajuste acordado con la eurozona y el Fondo
Monetario Internacional (FMI) a cambio de unos 240.000
millones de euros en préstamos sólo otorgó un respiro
temporario.
Grecia se apartó
aún más de los objetivos de su reforma fiscal y económica.
El hombre a cargo de privatizar las empresas del Estado griego
renunció la semana pasada desesperado por las demoras, y el
Banco Central Europeo dejó de aceptar los bonos de Atenas
como garantía para prestarles dinero a los bancos griegos.
El economista
norteamericano Nouriel Roubini, normalmente agorero sobre
Europa, sugirió que Finlandia, un Estado fiscalmente prudente
que tiene calificación AAA, sería el primero en salir por la
puerta del euro, debido a la inquietud que le genera la
creciente exposición de los eslabones más débiles de la
eurozona.
"Si Grecia
se acerca a la salida y España e Italia necesitan más apoyo
financiero del corazón de la eurozona, Finlandia podría
llegar a la conclusión de que no vale la pena hacerse cargo
de ese riesgo de crédito adicional", escribió Roubini
en el sitio web EconoMonitor.
Más allá de su
acierto, esas profecías ponen en negro sobre blanco el modo
en que los gobiernos y legisladores europeos comenzaron a
considerar que la membresía de la eurozona es un juego de
suma cero, en el que cada país se siente víctima de las
acciones y decisiones de sus vecinos.
Los estrategas
del Bank of America Merrill Lynch utilizaron la teoría del
juego para analizar a qué país le convendría saltar primero
del barco de la eurozona. En palabras simples, la teoría del
juego postula que los jugadores pueden no confiar unos en
otros lo suficiente como para cooperar o pueden considerar que
ganan más si no cooperan, aunque el resultado sería mejor
para todos los jugadores si cooperaran.
Por lo tanto,
aunque Alemania y Grecia ganarían ambas si los griegos
aplicaran el plan de austeridad y los alemanes aceptaran las
emisiones de bonos de la eurozona, ninguno de los dos países
elegirá ese curso de acción porque cada uno por su lado
puede ahorrarse el sacrificio.
Aplicando las
mismas técnicas a la conveniencia de una salida voluntaria
del euro, los estrategas del banco concluyeron que Italia e
Irlanda tienen mejores razones para abandonar la eurozona que
Grecia. Por el contrario, según los resultados, a la que
menos le conviene es a Alemania, a pesar de su poderío económico
y su sólida situación fiscal, porque se resentiría su
crecimiento, podría aumentar su costo de endeudamiento y
tener un efecto negativo en las cuentas públicas. Italia
tendría chances relativamente altas de lograr una salida
ordenada del euro y lograría una gran mejora de
competitividad y crecimiento con una moneda más débil,
agregaron los estrategas.
La unión
monetaria europea fue oficialmente establecida como
irreversible. El Tratado de Maastricht no contiene cláusulas
de salida una vez que los países se unen al euro, aunque el
Tratado de Lisboa, de 2009, por primera vez legalizó la
posibilidad de que un país abandone la UE.
Grecia
no cumpliría los términos de su salvataje
Afirman
que su deuda debe ser reestructurada
Agencia
Reuters, 25/07/2012
Bruselas.-
Las malas noticias económicas no le dan respiro a la Unión
Europea (UE). Tres funcionarios de Bruselas admitieron ayer
que es casi imposible que Grecia logre pagar lo que debe, por
lo que va a necesitar una mayor reestructuración de su deuda,
un costo que tendría que recaer en el Banco Central Europeo
(BCE) y en los ya golpeados miembros de la zona euro.
Los
representantes dijeron que los funcionarios del Fondo
Monetario Internacional (FMI) y la UE que estuvieron evaluando
la situación de Grecia, que ya fue rescatada dos veces,
encontraron que el país está descarrilado.
Inspectores
de la Comisión Europea, el BCE y el FMI (la llamada "troika")
volvieron ayer a Atenas para completar un análisis de
sostenibilidad de la deuda griega el próximo mes, aunque las
fuentes dijeron que las conclusiones ya son bastante
evidentes. Esto significa que los acreedores, el BCE y los
miembros de la zona euro tendrán que reestructurar parte de
la deuda del Estado griego estimada en 200.000 millones de dólares.
Sin
embargo, no hay una disposición entre los Estados miembros o
el BCE para tomar una acción tan dramática en este
escenario.
"Grecia
está enormemente descarrilada", dijo uno de los
funcionarios, que solicitó anonimato. "El análisis de
sostenibilidad de la deuda será bastante terrible",
agregó.
Otro
funcionario destacó las recientes estimaciones de Atenas que
muestran que la economía se contraerá un 7% este año y no
el 5% previsto, lo que implica que la carga de la deuda sólo
está aumentando con relación al PBI.
"Nada
se hizo en Grecia en los últimos tres o cuatro meses",
dijo el funcionario, al referirse a los retrasos causados por
las dos elecciones que se realizaron desde mayo.
Bajo
los términos del acuerdo para un segundo paquete de rescate
alcanzado con la UE y el FMI en febrero, Grecia se comprometió
a efectuar nuevos recortes en el gasto y un incremento
tributario a cambio de una reducción de 100.000 millones de
euros en su monto de deuda.
Como
resultado del incumplimiento de reducción de deuda de Grecia,
el FMI podría decidir retirar el segundo programa de rescate,
lo que dejaría a la zona euro y al BCE resistiendo solos el
costo.
Amenazantes
nubes financieras y económicas avanzan desde
todas
direcciones: la eurozona, EEUU, China y otras áreas
Una tormenta
global perfecta
Por
Nouriel Roubini (*)
Crisis-economica.blogspot,
02/07/2012
Parece ser que
oscuras y amenazantes nubes financieras y económicas avanzan
desde todas direcciones: la eurozona, Estados Unidos, China y
otras áreas. De hecho, es posible que la economía mundial en
2013 resulte ser un ambiente donde resulte muy difícil
encontrar abrigo.
Para empezar, la
crisis de la eurozona se está agravando: al tiempo que el
euro sigue siendo muy fuerte, una carga frontal de austeridad
fiscal profundiza la recesión en muchos países miembros, y
la contracción del crédito en la periferia y los altos
precios del petróleo socavan las perspectivas de recuperación.
El sistema bancario de la eurozona se está balcanizando, a
medida que se cortan las líneas de crédito transfronterizas
e interbancarias. La fuga de capitales podría convertirse en
una corrida bancaria total en la periferia si, como es
probable, Grecia acaba por salir desordenadamente del euro en
los próximos meses.
Más aún, las
tensiones fiscales y de la deuda soberana están empeorando a
medida que los diferenciales de las tasas de interés para
España e Italia regresan a sus insostenibles niveles máximos.
De hecho, puede que la eurozona precise no solo de un rescate
bancario internacional (como ocurrió hace poco en España),
sino también de un plan de rescate soberano pleno en un
momento en que los "muros de protección"
internacionales y de la eurozona son insuficientes para la
tarea de respaldar a España e Italia. Por ello, sigue siendo
posible la ruptura desordenada de la eurozona.
Más al oeste,
el desempeño económico de EEUU se está debilitando, con un
crecimiento el primer trimestre de un mísero 1,9%, muy por
debajo del potencial. La creación de empleo desilusionó en
abril y mayo, por lo que el país podría alcanzar velocidad
de pérdida a finales de año. Peor aún, se está elevando el
riesgo de que se produzca una recesión de doble caída el próximo
año: incluso si lo que parece un abismo fiscal en ciernes
resulta ser sólo un lastre menor, el probable aumento de
algunos impuestos y la reducción de algunos pagos de
transferencia reducirán el crecimiento de la renta disponible
y el consumo.
Más aún, es
probable que persista el estancamiento político sobre el
ajuste fiscal, con independencia de si es Barack Obama o Mitt
Romney quien gana las elecciones presidenciales de noviembre.
Por lo tanto, si se producen nuevas luchas sobre el techo de
la deuda, se presentan riesgos de un cierre del gobierno y
ocurren rebajas adicionales en la calificación, podría
deprimirse más todavía la confianza de los consumidores y
las empresas, reduciendo el gasto y acelerando la búsqueda de
seguridad, lo que agravaría la caída en los mercados bursátiles.
En el este, el
insostenible modelo de crecimiento de China podría verse en
aprietos en 2013, a medida que continúe el descalabro de las
inversiones y las reformas destinadas a impulsar el consumo
prueben ser demasiado poco y demasiado tarde. Un nuevo cuadro
de dirigentes chinos debe acelerar las reformas estructurales
para reducir el ahorro nacional y aumentar la participación
del consumo en el PIB, pero las divisiones en su interior
acerca del ritmo de las reformas, junto con la probabilidad de
una transición política llena de baches, sugieren que éstas
se producirán a un ritmo que simplemente no es lo
suficientemente rápido.
La desaceleración
económica en EEUU, la eurozona y China ya supone un lastre
enorme para el crecimiento en otros mercados emergentes,
debido a su vínculos comerciales y financieros con EEUU y la
Unión Europea (es decir, no se ha producido un
"desacoplamiento"). Al mismo tiempo, la falta de
reformas estructurales en los mercados emergentes, junto con
sus pasos hacia un mayor nivel de capitalismo de estado, está
obstaculizando el crecimiento y reducirá su capacidad de
recuperación.
Finalmente, en
Oriente Medio las tensiones largo tiempo latentes entre Israel
y EEUU, por un lado, e Irán por el otro sobre el tema de la
proliferación nuclear podrían llegar a un punto de ebullición
en 2013. Es probable que fracasen las negociaciones actuales e
incluso que sanciones más estrictas no eviten que Irán
intente fabricar armas nucleares de todos modos. Si EEUU e
Israel no quieren aceptar contenerlo mediante la disuasión,
se podría producir una confrontación militar en 2013 que daría
lugar a una masiva alza del precio del petróleo,
contribuyendo a una recesión mundial.
Estos riesgos ya
están agravando la desaceleración de la economía: los
mercados de acciones están cayendo por todas partes, dando
lugar a efectos negativos sobre el consumo y el gasto de
capital. Los costos de financiamiento están aumentando para
los bonos soberanos de países con alta deuda, el
racionamiento del crédito está socavando las empresas pequeñas
y medianas, y la caída de los precios de las materias primas
está reduciendo los ingresos de los países exportadores. La
creciente aversión al riesgo lleva a los agentes económicos
a adoptar una actitud de espera que, en parte, hace que la
desaceleración se convierta en una profecía auto-cumplida.
En comparación
con 2008-2009, cuando las autoridades gozaban de un amplio
margen de maniobra, las autoridades monetarias y fiscales se
están quedando sin munición de políticas (o, para
expresarlo con más cinismo, sin conejos que sacar del
sombrero). La política monetaria se encuentra limitada por la
proximidad a la tasa de interés cero y las reiteradas rondas
de flexibilización cuantitativa. De hecho, las economías y
los mercados ya no se enfrentan a problemas de liquidez, sino
más bien a crisis de crédito e insolvencia. Mientras tanto,
los insostenibles déficits presupuestarios y de deuda pública
en la mayoría de las economías avanzadas han limitado
gravemente la posibilidad de aplicar más estímulos fiscales.
El uso de los
tipos de cambio para impulsar las exportaciones netas es un
juego de suma cero en momentos en que el desapalancamiento
privado y público está suprimiendo la demanda interna en los
países con déficit de cuenta corriente, y los problemas
estructurales están teniendo el mismo efecto en los países
con superávit. Después de todo, una moneda más débil y una
mejor balanza comercial en algunos países implica
necesariamente una moneda más fuerte y una balanza comercial
más débil en otros.
Mientras tanto,
la capacidad de respaldar, garantizar y rescatar a los bancos
y otras instituciones financieras se ve limitada por las
limitaciones del sistema político y la incapacidad de las
naciones soberanas casi insolventes para absorber las pérdidas
adicionales de sus sistemas bancarios. Como resultado, el
riesgo soberano se está convirtiendo en riesgo bancario. De
hecho, los países soberanos se están deshaciendo de una
mayor fracción de su deuda pública a través del balance de
los bancos, especialmente en la eurozona.
Para evitar un
desenlace desordenado en la eurozona, la austeridad fiscal
actual debería ser mucho más gradual, un pacto de
crecimiento tendría que complementar el nuevo pacto fiscal de
la UE, y se debería implementar una unión fiscal con
mutualización de la deuda (Eurobonos). Además, se debería
dar inicio a un proceso tendiente a una unión bancaria total,
empezando por un seguro para los depósitos en toda la
eurozona, y considerar medidas hacia una mayor integración
política, incluso si Grecia abandona la eurozona.
Por desgracia,
Alemania se resiste a todas estas medidas esenciales, ya que
está obsesionada con el riesgo de crédito al que se verían
expuestos sus contribuyentes con una mayor integración económica,
fiscal y bancaria. Como resultado, se está elevando la
probabilidad de un desastre en la eurozona.
Y, si bien puede
que la nube sobre la eurozona sea la más grande a punto de
estallar, no es la única amenaza a la economía mundial.
Cierren las escotillas.
* Nouriel
Roubini, profesor en la Stern School of Business de Nueva York,
fue uno de los pocos economistas no marxistas que predijo la
actual crisis.
La quiebra
de
empresas alemanas entre enero y julio afecta a
más de 150.000
trabajadores, el doble que el año pasado
Alemania
imprevisible
Por Rafael Poch
(*)
Diario de Berlín
/
La Vanguardia, 23/07/2012
Berlín.–.Merkel
se va de vacaciones dejando activado el mecanismo de tortura.
España e Italia, los “vencedores” de la última rebelión
de Bruselas –¿se
acuerdan?– están pagando caro su desafío. La “financiación
directa a la banca” resultó ser de cartón piedra, pero el
agravio se está cobrando a base de presión con los
intereses.
La Europa de
Draghi (“el estado de bienestar ha pasado a la historia”)
y de Merkel (“Europa habla alemán”) cambia gobiernos (Berlusconi,
Papandreu) con procedimientos gangsteriles e impone disciplina
a la periferia con una tortura destinada a redimir culpas. A
Grecia ya se le señala la puerta de salida del euro: quizá
en septiembre.
El establishment
de Alemania y de Bruselas está presidiendo, fundamentalmente,
una gran transferencia europea de dinero desde la ciudadanía
a las oligarquías financieras y bancarias. En eso consisten
los “salvamentos” y “rescates”. Paralelamente ejerce
una transferencia de poder y soberanía, desde los Estados de
la Europa periférica más debilitados por la recesión, hacia
instituciones no electas europeas en las que Alemania es el
socio más fuerte.
Su estrategia es
doblemente insolidaria: en lo social y en lo nacional. Eso
crea las bases para una amplia contestación de la política
europea, tanto desde el frente social como el nacional de país,
y destruye el prestigio que Alemania supo recuperar desde la
posguerra.
El miedo y los
medios aúpan a Merkel
En cuestión de
meses, Alemania y sus gobernantes están siendo vistos, una
vez más, como el nuevo problema de Europa. Los medios de
comunicación alemanes están en la inopia y venden todo lo
contrario: el cuento de Angela en el país de las maravillas.
El canal de
televisión público alemán Phoenix emitió recientemente un programa sobre la
popularidad de Angela Merkel en Europa, con entrevistas de
calle en París, Atenas y Roma en las que la gente se deshacía
en elogios. En su edición del fin de semana, Handelsblatt,
uno de los principales diarios económicos, dedica su portada
y ocho páginas a la admiración que la canciller sucita en
Europa. “Admirada” es el kafkiano titular de portada,
apoyado por encuestas del eurobarómetro.
Aunque las
sombras que la canciller proyecta en Europa van
manifiestamente en aumento, la prensa alemana evita todo
tratamiento crítico y los sondeos publican, semana tras
semana, nuevos récords de popularidad del 60% mezclados con
extraños pronósticos, del 80%, de que las cosas va a ir a
peor.
“Todo recuerda
a un país de cuento maravilloso que rebosa paradojas y
absurdos: desde 1945 ningún político alemán había sido
tratado de forma tan acrítica”, dice el analista
independiente Jens Berger.
En la Europa en
crisis el recurso nacionalista de echar la culpa al otro es
universal, pero fue en la prensa de Alemania y desde su
gobierno donde se abrió, en 2010, esa peligrosa caja de Pándora
nacionalista. Desde su tradición nacional de seguir el paso
que se marca desde arriba y crear chivos expiatorios que unen
a la mejor y más virtuosa nación, la sociedad se da cuenta
de que, aunque las cosas no van bien en Alemania, van mucho
mejor que en los países meridionales en recesión. Y ahí está
la clave psicológica de esta unión sagrada: en el miedo de
gran parte de la sociedad a caer en la recesión que ya sufren
sus socios del sur y a perder el relativo privilegio que se
desprende de la centralidad de su economía en la globalización.
Ese miedo incrementa la cohesión alrededor de la leyenda
sobre el origen moral de esta crisis en la que Alemania no
tiene ninguna responsabilidad.
“Hay un
consenso entre el gobierno, la opinión pública y casi todos
los medios de comunicación, hasta el punto de que la oposición
ya no se atreve a oponerse”, dice el escritor austriaco
Robert Misik. “No
es de extrañar que en ese ambiente de embriaguez nacional del
“nosotros contra los que quieren nuestro dinero”, los políticos
que deseen ser
elegidos o reelegidos, no se desvíen ni un milímetro de ese
tópico”.
Terreno
quebradizo
Aparentemente
robusto, este edificio ideológico tan alemán es frágil. La
recesión en la Europa del Sur está comenzando a afectar
directamente a la economía exportadora Alemana. En los últimos
años Berlín compensó lo que dejaba de exportar en el Sur de
Europa con incrementos en los mercados de EE.UU, China, Brasil
e incluso Rusia y la Europa del Este. Ahora el enfriamiento en
esos mercados complica ese recurso para el segundo exportador
mundial, que vende en Europa el 60% de sus exportaciones.
China ha
registrado su más baja cifra de crecimiento, 7,6% en tres años.
La eurocrisis afecta a sus exportaciones, mientras su burbuja
inmobiliaria, la mayor del mundo, admite todas las apuestas.
En Rusia el gigante Gazprom, que proporciona el 20% del
presupuesto nacional, está exportando menos gas a Europa.
Estados Unidos, Rusia, la Europa del Este lanzan señales de
frenado, cada cual con su particularidad, pero todas
interrelacionadas. Hasta en Polonia, alumno modelo, hay
indicios de enfriamiento
La serie de
empresas alemanas quebradas entre enero y julio es notable y
afecta a más de 150.000 trabajadores, el doble que el año
pasado. Insolvencias en la cadena de droguerías Schlecker,
con 25.000 trabajadores, y en su homóloga Ihr Platz, en la
empresa de venta por correspondencia Neckermann, con 2400
empleados, reestructuraciones a la vista en el fabricante de
camiones Iveco, en los supermercados Karstadt, en el coloso
energético RWE, primer emisor europeo de CO2, y en Deutsche
Telekom. Problemas pendientes en la enfermedad de Opel,
reducción de plantilla en el segundo canal de televisión,
ZDF, incertidumbre en el sector del automóvil y hasta en el
gigante del acero Thyssen Krupp. Aunque los medios de
comunicación alemanes evitan dramatizar el asunto, los
expertos temen que sea sólo el principio.
“La eurocrisis
está afectando a Alemania”, constata el instituto alemán
de investigaciones económicas (DIW). “La fase de incertidumbre ya ha comenzado, tarde o temprano
vamos a sentir la crisis”, dice Martin Kannegiesser,
presidente de la patronal metalúrgica. Si esa es la
perspectiva, hay que preguntarse qué consecuencias políticas
tendrá para Europa.
Una marcha atrás
equivaldría al suicidio político de Merkel, porque habría
que reconocer que el gran éxito empresarial y exportador alemán
de los últimos diez o quince años jugó un papel central en
la crisis del euro y forma parte del fracaso general. Eso es
mucho más amargo que reconocer la criminal necedad del
ladrillo en España, que también está por reconocer desde el
gobierno, lo que, indudablemente, aun es peor y más grave.
Prepararse para
todo
En Alemania lo
sacrificios y recortes sociales a la clase media y baja,
aunque menores en comparación a lo que se está viviendo en
el sur de Europa, fueron dolorosos. Y se hicieron en nombre de
una estabilidad ahora incierta. Las elecciones generales
alemanas son en septiembre de 2013 y la tentación de estirar
la cuerda, ir tirando hasta entonces mientras la periferia
europea se desmorona, es irresistible para Merkel. Una marcha
atrás autocrítica sería políticamente explosiva. No se va
a producir.
En ese contexto
se escuchan nuevas tonalidades en el discurso. Una es la
“Unión política” para Europa. Cuando no se sabe qué
pasará con la
deuda española e italiana este mismo verano, esa “unión
política” es, en el mejor de los casos, una fábula a
muchos años vista que sirve para esconder la desolidarización
en curso detrás de una declarativa voluntad integradora. Otra
novedad en el discurso es que en Berlín ya se habla de “límites”.
En su
tradicional entrevista del verano al segundo canal de televisión
la canciller dijo, el domingo 15 de julio, que “las fuerzas
de Alemania no son ilimitadas”. Era la cuarta vez que Merkel
pronunciaba esa frase desde que la estrenó el 14 de junio
ante el Bundestag. Suena a preparativo, pero ¿de qué? La
opinión mayoritaria es que Alemania necesita el euro, pero
los últimos dos años de política europea sugieren que no
siempre se abre paso lo más racional ¿Por qué no una Liga
Norte, un euro plus con los países del norte de calificación
triple A?
“El proyecto
europeo aún no está construido de tal manera que podamos
estar seguros de que todo va a funcionar bien”, dijo el miércoles
la canciller. De una Alemania que empieza a notar la crisis,
encerrada en su leyenda, y sin marcha atrás posible, se
desprenden los escenarios más imprevisibles.
*
Rafael Poch–de–Feliu (Barcelona, 1956) ha sido veinte años
corresponsal de La Vanguardia en Moscú y Pekín. Antes estudió
historia contemporánea en Barcelona y Berlín Oeste, fue
corresponsal en España de 'Die Tageszeitung', redactor de la
agencia alemana de prensa DPA en Hamburgo y corresponsal
itinerante en Europa del Este (1983 a 1987). Actual
corresponsal de La Vanguardia en Berlín.
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