Siria

El Ejército sirio lanza la batalla por Alepo
con su incursión en Salahedin

Gara, desde Alepo, 11/08/2012

La batalla por el control de Alepo comenzó ayer con el lanzamiento de una ofensiva terrestre del Ejército sirio, apoyado por tanques y carros de combate, contra el barrio de Salahedin, escenario de feroces combates desde el 20 de julio y de gran valor simbólico. El control sobre Alepo, la segunda ciudad del país, su capital económica, y vital para el comercio con Turquía, es esencial para inclinar la balanza de uno u otro lado en esta crisis.

Bashar Al Assad en Alepo

El Ejército sirio aseguró ayer haber logrado el «control total» del barrio de Salahedin, en Alepo, donde se concentró ayer la batalla tras la incursión militar que a primeras horas del día dio inicio a la gran ofensiva terrestre sobre la segunda ciudad del país. Las tropas leales al régimen de Bashar al-Assad dijeron haber «infligido graves bajas a los grupos terroristas y dejado un gran número de muertos y heridos» en sus filas, según la información difundida por la agencia Sana, que fue inmediatamente desmentida por los supuestamente replegados rebeldes del Ejército Libre Sirio (ELS).

Rebeldes en Alepo

«Decenas de terroristas han sido ya arrestados y otros se han rendido», afirmó la agencia oficial, que informó también que se han incautado grandes cantidades de armas.

Sin embargo, fuentes del ELS sostuvieron que las tropas regulares se tuvieron que retirar de algunas partes del distrito de Salahedin tras fuertes enfrentamientos. Aseguraron que los sublevados permanecían atrincherados en el barrio «mártir» y que sus efectivos han hecho retroceder a las fuerzas progubernamentales, aunque admitieron que sufren escasez de munición desde hace días.

Combates y destrucción en Alepo

«La guerra se lleva a cabo calle por calle, los rebeldes han causado enormes pérdidas a las fuerzas de Al-Assad, que reculaban. Salahedin está bajo el control del ELS», afirmó Omar, un activista en la zona, a Reuters, un relato que confirmaron otros rebeldes, quienes dijeron que los insurgentes detuvieron a los tanques y vehículos blindados del Ejército regular con bombas caseras.

«El régimen desea recuperar el barrio porque está ubicado dentro del centro de la ciudad, y desde allí se pueden controlar las instituciones administrativas de Alepo», señaló a Efe el número dos del ELS, Malek Kurdi, quien agregó que Salahedin, por sus estrechas callejuelas, es muy difícil de penetrar para las tropas. El Gobierno de Bashar al-Assad ha desplegado 20.000 soldados para participar en esta crucial batalla.

Alepo: un amigo ha caído

El opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres, confirmó que los encarnizados combates se prolongaron durante toda la jornada e informó de la destrucción, por parte del Ejército, de dos escuelas que los rebeldes utilizaban como base.

La misma fuente informó de la muerte de al menos 90 civiles y combatientes rebeldes y 41 miembros de las fuerzas del régimen. La mayor parte de las víctimas se registró en la provincia de Alepo, con 35, y especialmente en la ciudad homónima, con 26 fallecidos.

El recrudecimiento de la violencia se produce tras el cese, hace dos días, del primer ministro sirio, Riad Hiyab, que en la madrugada de ayer entró en Jordania, según Amman.

La presencia de refugiados comienza a pesar en Líbano

Kathy Seleme (Agencia EFE).- La presencia prolongada de los refugiados sirios en Líbano comienza a pesar sobre la vida de los libaneses y de las ONG, que no dan abasto, mientras que los desplazados se sienten defraudados al asegurar que no reciben la ayuda necesaria.

«Las familias libanesas están soportando más de lo que les permiten sus fuerzas y sus medios para ayudar a los refugiados, pero si la situación continúa así, podría llegar a explotar», advierte el presidente del comité local de ayuda a los refugiados en la región de Wadi Jaled, donde se concentra el mayor número de desplazados de Siria.

Ali Badawi, que es también alcalde de una localidad de esa región, asegura a Efe que en ella hay al menos 1.280 familias sirias, cada una de ellas compuesta de ocho a diez personas, la mitad de ellos niños, y casi en su totalidad proceden de la provincia siria de Homs, limítrofe con Wadi Jaled.

«Siguen llegando, pero ahora su número ha disminuido de modo considerable desde que los sirios comenzaron a bombardear Homs. Además, nadie se puede acercar a 50 metros de la frontera porque disparan hasta si un gato hace ruido», cuenta Badawi.

Explica que la población de Wadi Jaled, que vivía del contrabando entre ambos países, especialmente de combustible, está arruinada, y a su juicio el 90% de la población local se ha visto perjudicada.

«Los libaneses, que saben lo que es la guerra, les abrieron sus casas, no podían permitir que los refugiados durmieran en la calle. Pero la situación se prolonga demasiado y a la gente ya no le queda nada más para dar», opina.


El primer ministro de Assad escapó de Siria

Por Loveday Morris y Kim Sengupta (*)
Desde Beirut y Alepo
The Independent, 06/08/2012
La Jornada, 07/08/2012

La noticia de la deserción de Riad Hijab se supo sólo horas después de que una explosión estallara en el tercer piso de las oficinas de la televisión estatal en la plaza Umawiyeen, en el centro de Damasco.

El Ejército Libre de Siria prometió ayer que seguirían más deserciones mientras el primer ministro escapaba del país, provocándole un golpe humillante al régimen del presidente Bashar al Assad. En una operación compleja y peligrosa llevada a cabo por el Ejército Libre de Siria (ELS), Riad Hijab –el funcionario de rango político más alto que desertó hasta ahora– y las familias de sus nueve hermanos fueron sacados del país hacia Jordania. Una vez afuera y seguros, el ex primer ministro, un sunnita de la región de Deir Ezzor, se describió como un “soldado de su bendita revolución” y acusó al régimen de genocida.

Mientras la posición del primer ministro tiene poco poder en Siria, la deserción sigue siendo un triunfo para la oposición, y podría alentar a otros altos funcionarios a seguir. “Actualmente estamos en contacto con muchos funcionarios del ejército y de la seguridad del Estado que quieren desertar, incluyendo un importante general de la comunidad alawita”, dijo el vocero del ELS, Fahad al Masri. “En las próximas semanas veremos más.”

La noticia de la defección de Hijab, que previamente había sido ministro de Agricultura, se supo sólo horas después de que una explosión estallara en el tercer piso de las oficinas de la televisión estatal siria en la plaza Umawiyeen, en el centro de Damasco, hiriendo a tres personas. Ningún grupo se adjudicó la autoría. Y en un incidente que tiene el potencial de desestabilizar aún más la frágil región, los rebeldes en Damasco dijeron que tres de los casi 50 rehenes iraníes –que ellos sospechaban que estaban luchando a favor del régimen pero que Irán afirma que son peregrinos– habían muerto en un ataque aéreo. “Mataremos al resto si el ejército no detiene su ataque. Tienen una hora”, dijo Moutassam al Ahmed del ELS.

Se dice que Hijab, quien está camino a Qatar, estuvo planeando su huida desde hace dos meses, y la operación debía tener lugar hace tres semanas, pero fue retrasada después de la bomba de Damasco que mató a cuatro miembros del círculo íntimo de Assad. La mayoría de los hermanos de Hijab trabajaban para el gobierno, incluyendo los ministerios de Petróleo y Medio Ambiente. Se dice que fueron sacados individualmente con guardias armados por el área de la frontera, donde los esperaban sus familias, cruzándolos temprano en la mañana de ayer.

Fuentes de la oposición dicen que Hijab sintió que no tenía otra opción que aceptar la posición de primer ministro en junio. “En el régimen sirio, cuando Assad elige a alguien para una posición, no se puede negar. Si uno se niega, hay sólo dos caminos frente a uno, el primero es la cárcel, el segundo es la tumba”, dijo Al Masri.

Los diplomáticos occidentales contrarios al gobierno de Assad saludaron la deserción como el último golpe al régimen. “Esta es una señal de que el control del poder del régimen se está debilitando”, dijo el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney. “Que no pueda mantener la cohesión dentro de su propio círculo interno refleja su inhabilidad para mantener cualquier seguimiento entre el pueblo sirio que no sea llevado a cabo a punta de pistola.”

A pesar de ser un miembro de larga data del partido baasista y un importante político durante la matanza, la deserción de Hijab fue bien recibida en grupos tales como la Hermandad Musulmana Siria y el Consejo Nacional Sirio. Sin embargo, en el distrito de Alepo destrozado por la guerra de Scalheddine, golpeado sin tregua por tanques del régimen, artillería, helicópteros de guerra y aviones bombarderos, la sensación era que no se debía hacer ningún acuerdo con aquellos que abandonaban al régimen en esta tardía etapa.

“Este hombre debe pagar por los crímenes que cometió cuando estaba en el poder”, dijo Mahmoud Ali Rahimuddin, un conductor voluntario de ambulancia que transportaba combatientes rebeldes. “El hecho es que por fin abandonó la gente malvada con la que estaba sería algo a su favor, pero no podemos perdonar lo que él y gente como él han hecho.” Un combatiente conocido como Anatán afirmó: “¿Qué fue lo que hizo que de pronto viera el mal que él y su gobierno hacían? Los últimos 50 asesinatos por su gente o los 50 antes que eso”.

Otros lo veían de otra forma. El oficial del Ejército Libre de Siria Abdul al Ashar dijo que estaría celebrando “dos Eids” –una referencia a las celebraciones musulmanas de fin de Ramadán–. “Esto hará que mis hombres estén más determinados a sacar al régimen de Alepo”, dijo. “Esto no ganará la guerra, y tenemos una gran batalla en Alepo, pero es una buena señal de progreso.”