La 16 Conferencia de las Partes
de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP
16) comenzará la semana próxima en el sudoriental balneario mexicano de Cancún
en un ambiente de pesimismo.
El encuentro internacional se
desarrollará a partir del próximo lunes, casi un año después de la última
conferencia en Copenhague, considerada un fracaso diplomático.
Mientras crece la preocupación
mundial por la incapacidad de los gobiernos para encontrar una adecuada
alternativa al Protocolo de Kyoto, único instrumento contra el cambio climático
y que expirará en 2012, el escepticismo ronda Cancún, sobre todo después de
lo ocurrido el año pasado en Dinamarca.
Nigel Purvis, del Fondo German
Marshall de Estados Unidos, fustigó el llamado Acuerdo de Copenhague, que no
tiene poder para obligar a los países a que cumplan sus eternas promesas de
apoyar un Fondo Verde y de hacer donaciones a las naciones menos adelantadas.
"Las conversaciones
mundiales sobre cambio climático se están pareciendo a una mala
telenovela", afirmó Purvis en un ensayo titulado "Cancún y el fin
de la diplomacia climática".
"Parecen de nunca acabar,
rara vez producen cambios y a veces tienen poco que ver con la realidad. Es
por esto que la diplomacia climática como la conocemos ha perdido
relevancia", sostuvo.
A comienzos de este mes, el
Grupo Asesor de la Secretaría General de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) sobre Financiamiento contra el Cambio Climático presentó su
informe anual, señalando en forma inequívoca que un mínimo de 100.000
millones de dólares debían ser movilizados al Sur en desarrollo para
acciones contra el recalentamiento planetario.
El primer ministro de Noruega,
Jens Stoltenberg, uno de los co-autores del informe, subrayó que "no se
trata de (simplemente) dar fondos, sino de compartir la carga", y reiteró
que sin acuerdos sólidos entre las partes, las acciones contra el cambio climático
se estancarán.
Por su parte, en nombre de las
naciones africanas, el primer ministro de Etiopía, Meles Zenawi, reprendió a
los países ricos por eludir acuerdos vinculantes, y añadió que África no
podía sostener ni tolerar la carga del cambio climático, al que poco ha
contribuido.
"Este informe puede ser
usado para lograr un ambicioso acuerdo o para uno mezquino", dijo Zenawi
a periodistas en Nueva York. "Incluso puede quedar abandonado en el
escritorio de un burócrata. Pero nosotros, los africanos, nos negamos a
renunciar", agregó.
Mientras, el 11 de este mes, la
misión permanente de las Islas Marshall en la ONU realizó una discusión
informal sobre la particular amenaza a los Pequeños Estados Insulares en
Desarrollo (SIDS, por sus siglas en inglés).
El canciller de Islas Marshall,
John Silk, afirmó que la condición particular de los SIDS debía ser
estudiada no sólo por aquellos directamente amenazados, sino por todo el
mundo, debido a que su posible desaparición por el aumento del nivel del mar
tendría también consecuencias en otros países.
En la discusión estuvo presente
el director del Centro para el Derecho sobre Cambio Climático, Michael
Gerrard.
A instancias de la misión de
Islas Marshall en la ONU, Gerrard y sus colegas de la Escuela de Derecho de
Columbia organizan una conferencia para 2011 sobre los graves consecuencias
legales que tendría el desplazamiento de habitantes de los estados insulares
por al aumento de los niveles del mar.
"Los acuerdos
internacionales existentes claramente no son adecuados para mitigar el cambio
climático al grado necesario", dijo Gerrard a IPS, "ni para
afrontar los desastres que causará". "Si se hubiera alcanzado un
completo acuerdo en Copenhague, el mundo habría logrado progresos
sustanciales en la dirección necesaria", añadió.
Gerrard también subrayó los
peligros de la fusión entre los imperativos políticos y los intereses
corporativos.
"Estados Unidos, por
ejemplo, una vez abrió sus fronteras a aquellos que huían de la persecución
religiosa y política", dijo a IPS.
"En los últimos años, sin
embargo, ha sido mucho menos receptivo a la inmigración. Un acuerdo
internacional para reubicar a los desplazados por el cambio climático, en el
cual cada país emisor aceptara hacer su parte, podría mejorar la situación,
pero aun así no hay garantía de éxito", añadió.
"Las leyes en Estados
Unidos se están volviendo cada vez más dóciles a las campañas
corporativas", indicó.
Mientras la Escuela de Derecho
de Columbia debe esforzarse por conseguir apenas 50.000 dólares para realizar
la conferencia, millones se gastan en campañas financiadas por grandes firmas
para negar el cambio climático.
Según un informe divulgado a
comienzos de este año por Greenpeace Internacional, la poco conocida empresa
Koch Industries ha impulsado una gran propaganda para negar la base científica
del recalentamiento planetario. Según el trabajo, nada menos que 30 millones
de dólares han sido invertidos en esta campaña cada año.
En una conferencia de prensa
sobre el COP 16 a comienzos de esta semana, Robert Orr, asistente de la
Secretaría General de la ONU para Planificación de Políticas en Cancún,
criticó ese tipo de campañas.
"La idea de que el cambio
climático no está ocurriendo o que no es causado por comportamiento humano
no tiene base en la ciencia", dijo Orr. "Y el secretario general a
tomado una postura firme en ese sentido desde el comienzo".