Muchas
gobernaciones de los 50 estados pujan agresivamente para
excluir a millares de madres que reciben el beneficio de
Ayuda Temporal a Familias Necesitadas (TANF, por su sigla en
inglés), programa tradicionalmente conocido como Bienestar
(Welfare). Ahora esas entidades niegan ese apoyo a
las familias argumentando que deben ahorrar para reorientar
el presupuesto del respectivo estado.
A
escala nacional, el total de beneficiarios del Bienestar bajó
más de 40% entre 2001 y junio de 2008.
Louisiana, Texas e Illinois redujeron en 80% los
beneficiarios para adultos desde enero de 2001. El estado
Georgia tuvo un descenso del 90%, con poco más de 2.500
adultos georgianos que ahora reciben este auxilio, contra
28.000 que lo percibieron en 2004, en tanto en 2008 recibía
TANF sólo el 18% de los niños que viven debajo del 50% del
umbral de pobreza, que significa menos de 733 dólares por
mes para una familia de tres miembros.
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Cola de gente en la miseria: sólo
hay “ayudas” para los banqueros
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En
2006, la Coalición de Georgia contra la Violencia Doméstica
realizó una encuesta para descubrir por qué tantas mujeres
repentinamente no pudieron conseguir los beneficios
sociales. Descubrieron que los empleados del Bienestar [del
estado] hablaban activamente con las mujeres sobre tópicos
ajenos al beneficio y denunciaron que tales funcionarios les
indicaban a las candidatas que deberían ser esterilizadas
quirúrgicamente para poder reintroducir su solicitud. A las
mujeres lisiadas les respondían que no aplicaban para
postularse porque no podrían cumplir el requisito de
trabajar. Otras fueron advertidas que el estado podría
tomar a sus niños si solicitaban esa ventaja.
Las
mujeres son cada vez más vulnerables a la agresión sexual
y a la explotación, a veces proveniente de los mismos
funcionarios o empleados del Bienestar designados para
ayudarlas. Las detenciones de mujeres por prostitución y el
pequeño crimen aumentaron mientras a cada vez más familias
se les negaban los beneficios del Bienestar.
Los
estudiantes de colegios universitarios próximos a obtener
sus títulos fueron desinformados: se les dijo que les negarían
la ayuda una vez que cumplieran 20 años, sin importar la
situación de su graduación. A estudiantes tan jóvenes
como de 16 años les dijeron que deberían trabajar a tiempo
completo o perderían las ventajas del beneficio.
Texas
redujo su cantidad de casos al delegar la tramitación del
beneficio en una empresa externa, un centro de atención
telefónica que no sólo niega ilícitamente el beneficio a
algunas familias, sino que disminuyó el total de
aplicaciones.
En
la Florida, una región innovadora, se comenzó a exigir a
los candidatos TANF asistir a 40 horas de clases antes de
poder aplicar la solicitud del beneficio, en tanto los
solicitantes que intentaban restaurar beneficios perdidos
habrían podido enderezar su batalla con el papeleo con la
ayuda de los funcionarios del Bienestar, pero en 2005 los
funcionarios asignados a ese trabajo fueron reducidos a un
solo empleado que atendía público dos horas a la semana.
La cantidad anual de solicitudes TANF del área bajó a la
mitad en un año.
Debido
a la recesión, muchos estadounidenses acudieron a la red de
seguridad de los programas de ayuda del gobierno, tales como
bonos de racionamiento, subsidios de desempleo o Bienestar.
En un esfuerzo por desalentar a los solicitantes, los
legisladores de por lo menos ocho estados quisieron que los
beneficiarios fueran sometidos al azar a una prueba de
droga. En marzo de 2009, la cámara de representantes de
Kansas aprobó una medida que ordenó someter a pruebas anti–drogas
a las 14.000 personas que consiguen ayuda del estado.
En febrero, el senado de Oklahoma aprobó unánimemente
una medida que requería la prueba de droga como condición
para recibir los beneficios TANF. Disposiciones similares se
introdujeron en Missouri y Hawai. Un miembro de la cámara
de representantes de Minnesota presentó una moción que
exige pruebas de droga a los ciudadanos pobres de ese estado
que impetran los programas de ayuda pública.
Durante
la reforma del Bienestar en la era Clinton, se asignó a los
estados una cantidad fija de dinero sin importar sus
necesidades. La
subvención global al TANF ascendió a 16,5 mil millones de
dólares, de los que sólo Georgia obtuvo 370 millones al año.
Los estados podían desviar los fondos a cualquier programa
relacionado vagamente con la asistencia al necesitado.
Puesto que los estados reciben la misma cantidad de
fondos federales sin importar cuánta gente recibió ayuda,
se les incitó a que negaran los beneficios. “Incluso si las cantidades de casos por tratar ascienden a
cero, consiguen la misma cantidad de dinero”, observó
Robert Welsh, del Presupuesto de Georgia y del Instituto de
Política.
Los
estados han utilizado el dinero “sobrante” del TANF para
ampliar cuidados a los niños, formación laboral y
transporte para ayudar a los beneficiarios a encontrar
trabajo. La Oficina de Responsabilidad del Gobierno descubrió
en 2006 que muchos estados estaban moviendo los fondos
federales para Bienestar lejos de la ayuda efectiva a los
pobres, por ejemplo destinándolos a “trabajos de
asistencia” al cuidado de los niños para tapar los
agujeros del presupuestos estadal.
El
TANF era también una puerta de ingreso a la educación, a
la rehabilitación anti droga, a los cuidados de salud
mental, cuidado de niños, incluso de transporte y
beneficios para la movilidad de los discapacitados. “El
Bienestar es el único programa efectivo de la red de
seguridad para las madres solteras y sus niños”, afirmó
Rebecca Blank, economista de la Brookings Institution.
“Con la recesión, una tiene que preocuparse de la
cantidad número de mujeres que resultaron desempleadas y no
tienen cómo darse vuelta”, añadió.
Fuentes:
Mother Jones, 15 de
enero de 2009, “Brave New Welfare”, por Stephanie
Mencimer; y Associated Press, 26 de marzo de 2009, “States
consider drug tests for welfare recipients”, por Tom Breen
Estudiante
investigador: Malana Men (SSU) and Samantha Barowsky
Evaluador académico:
Douglas Anderson, Ph.D., Southwest Minnesota State
University