Estados Unidos

Debilitamiento global y divisiones al interior de
la principal potencia del capitalismo

El “apagón” de Estados Unidos y el Tea Party

Por Claudio Testa,
Socialismo o Barbarie, semanario, 10/10/2013

“Estados Unidos, que una vez fue bastión de
buen gobierno, hoy parece un payaso de rodeo.”

(“
Shutdown showdown”, The Economist,
September 30, 2013)

Esta caracterización acerca de EEUU y su actual situación no la hace cualquiera sino The Economist, la revista especializada más antigua del capitalismo. Desde Londres, observa exasperada (y también desesperada) cómo el régimen político que fue modelo del mundo capitalista durante tantas décadas, hoy se asemeja efectivamente a un circo.

La furia y alarma de una multitud de voceros e instituciones del gran capital –desde The Economist hasta la U.S. Chamber of Commerce o el FMI– es plenamente justificable. Esa “pelea de payasos” que se desarrolla en el Congreso de EEUU puede tener derivaciones gigantescas. Podría llevar, en último extremo, a un default de la deuda pública de EEUU, lo que pondría además en cuestión al dólar. Aunque esto es aún muy, muy improbable, el sólo hecho de que hoy sea una posibilidad, da una medida de la gravedad de la situación.

¿Cómo y por qué sucede esto? Se inscribe en lo que definimos como la decadencia relativa de Estados Unidos y el imperialismo yanqui; es decir, del capitalismo norteamericano en el marco del capitalismo mundial, y de EEUU como potencia Nº 1 en el sistema mundial de estados.

Sin producirse de ninguna manera un derrumbe, se ha ido debilitando la posición de EEUU. Es un largo proceso, de décadas, con altibajos y contradicciones pero con un saldo descendente. En las últimas semanas, por ejemplo, EEUU debió retroceder en sus amenazas de intervención en Siria. Y ahora le suma otro papelón: por la situación interna y el “cierre” del gobierno federal, Obama no pudo asistir a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), realizado en Indonesia del 5 al 7 de octubre.

Es un incidente menor, pero todo un símbolo. El año pasado, Obama proclamó solemnemente el “giro al Pacífico” del imperialismo yanqui. Es un vasto operativo económico-político-militar para recuperar terreno perdido como potencia mundial, volcándose a esa región y confrontando a China. ¡Y ahora no puede estar presente en la conferencia más importante del Asia-Pacífico! Se ve obligado a dejar a China el centro del escenario, para quedarse en Washington ocupándose de los provincianos energúmenos del Tea Party, que impiden que se vote un presupuesto y que hasta podrían provocar un default de consecuencias mundiales!

Esta decadencia relativa de EEUU se aprecia, entonces, no sólo en relación al resto del mundo sino también en su propia casa, con un régimen político que registra “atascamientos” inauditos como este.

Lo singular de este incidente, que puede tener graves consecuencias tanto para el imperialismo yanqui como para el capitalismo mundial si se llegase al default, es que no lo provoca un ascenso de las luchas obreras y populares que haya puesto al gobierno de Obama contra las cuerdas, sino una compleja fractura en el seno de la burguesía y más ampliamente del establishment de EEUU.

“¿Dónde está piloto?”: trastornos y cambio de roles en el sistema de partidos

Estos “conservadores tribales” –como los califica indignado The Economist (05/10/2013)–, son la cuña en el Partido Republicano que ha causado el descarrilamiento del Congreso. Pero hoy ya no son solamente una fracción minoritaria “desbocada”. Son los que dirigen y hacen marcar el paso a los sectores “moderados” dentro del boque republicano en la Cámara de Representantes (diputados), pese la oposición (y desesperación) de dirigentes conservadores tradicionales, como la familia Bush, por ejemplo.

El Partido Republicano, desde hace alrededor de un siglo, ha sido el partido Nº 1 del “Big Business”, del gran capital norteamericano. El Partido Demócrata era, en cambio, el partido Nº 2 de la burguesía. O sea, el encargado de hacer algo de “progresismo” y “demagogia” en relación a la clase trabajadora, las minorías de negros y latinos, las mujeres y los pobres… y al mismo tiempo impedir que sus reclamos y luchas derivasen en alternativas políticas por fuera del sistema.

En ese esquema –muy eficaz para bloquear alternativas anticapitalistas o mínimamente independientes–, la división del trabajo ideal ha sido con los republicanos gobernando y los demócratas haciendo de “oposición de Su Majestad”.

Ahora el copamiento del Partido Republicano por el Tea Party (y la posibilidad de que derive finalmente en una división formal de ese partido) ha cambiado los roles: Obama y los demócratas son hoy el partido “serio” del Big Business y Wall Street.

El Tea Party, ni un “movimiento populista surgido desde abajo”, ni un grupo de “chiflados”

En fenómeno del Tea Party ha empezado a preocupar al Big Business por los problemas que ya implica el “apagón”… y ni hablemos del descalabro que sería un default de EEUU!! Esto alienta a los medios a presentarlos como una tropa de “loquitos” que, no se sabe bien cómo, se ha apoderado del que era el principal partido del gran capital.

También, se lo pinta como un “movimiento populista”, que habría surgido “desde abajo”, “espontáneamente”, después del primer triunfo de Obama (cuando ganó la presidencia en las elecciones de noviembre de 2008).

En verdad, el Tea Party ni surgió “desde abajo” ni es realmente “populista”. Expresa un sector importante de la burguesía y el establishment, pero que no son los super-ricos “globalizados” de Wall Street o de Silicon Valley. Un agudo analista del fenómeno del Tea Party y sus bases sociales, los describe así:

“Su base social se compone de los llamados ‘notables locales’: las élites provinciales cuyo poderes y los privilegios serían amenazados desde arriba por un gobierno central fuerte que no controlan y desde abajo por los pobres y la clase trabajadora local […] Los que forman la columna vertebral de la nueva derecha son más bien millonarios que billonarios; no dirigen corporaciones multinacionales sino empresas locales (construcción, comercio, etc.)”.[1]

Por supuesto, hay billonarios que financian y hasta militan en el Tea Party, como los famosos hermanos Koch, petroleros de Texas. Pero esta notoriedad les viene, en gran medida, porque son más bien una excepción a la regla. También, inicialmente, el Big Business puso sus contribuciones en las alcancías del Tea Party, siguiendo la norma de cotizar tanto a demócratas como republicanos para tenerlos bajo su absoluta obediencia. Pero, más adelante, veremos cómo el Tea Party, en sus bastiones, logró una relativa independencia de estos sectores… lo que ha tenido sus consecuencias… como ahora la de negarse a votar el presupuesto desatando las iras de Wall Street.

Las bases del Tea Party son, relativamente, una prolongación hacia abajo de esta cúpula. El típico activista o simpatizante, en primer lugar, es blanco (nada de negros, ni latinos!), de sexo masculino, más acomodado y de más edad que el promedio de su entorno social.

Pero además de estos clivajes sociales y raciales, el fenómeno del Tea Party no se da igual en todo el mapa de Estados Unidos. Se combina con divisiones regionales de suma importancia. Esto nos lleva a otro aspecto del curso de decadencia de EEUU.

¿E pluribus, unum?

Esta frase en latín, que figura en el escudo de Estados Unidos, significa aprocimadamente: “De muchos, uno”. O sea, de una cantidad de estados –inicialmente 13, ahora 50–, se conforma la Unión, es decir, los Estados Unidos de América (United States of America). Y es, realmente, un estado federal; no una cuasi-ficción en ese sentido, como Argentina, por ejemplo. Y no se trata solamente de las formalidades del régimen político: las sociedades “provinciales” tienen su peso propio, con sus burguesías, sus establishments

Esto ha implicado tensiones a lo largo de toda su historia, que en una circunstancia se dirimieron con la terrible Guerra Civil de 1861 a 1865, que costó muchas más vidas que cualquier otro conflicto en que se haya metido EEUU. Luego de la guerra civil, el colosal desarrollo capitalista de la Unión, la extensión territorial y luego su entrada en la escena mundial como el gran imperialismo del siglo XX, hicieron incuestionable a la Unión, al estado federal.

Sin embargo, esto no implicó una “homogenización”. No hizo fusionarse ni licuarse las sociedades de cada estado, con sus burguesías, sus “notables”… y sus intereses particulares. Ahora, en un curso de decadencia, de signo opuesto al posterior de la Guerra Civil y del siglo XX, se abren signos de interrogación. ¿Si esto se va agravando, se llegará algún día al lema opuesto: “Ex unum, pluribus” (De uno, muchos)?

Por ahora, lo indiscutible es que hay más tensiones. Los intereses particulares y contradictorios de las burguesías de cada estado ya no pueden reabsorberse y satisfacerse con cierta facilidad como sucedió en el marco del ascenso mundial del imperialismo yanqui. El Tea Party y otros sectores de la extrema derecha reflejan eso en buena medida… y también su ideología.

Acerca de esto hay malentendidos y simplificaciones. Se los presenta como unos “anarquistas de derecha”, “libertarios”, que no quieren pagar impuestos al gobierno… Claro que… al gobierno federal; es decir, a la Unión. Ninguno de ellos se hace el “libertario” en sus estados.

El regreso de Dixieland y la “gerrymander”

Esto aparece más claro mirando el mapa del Tea Party. Por supuesto, hay gente del Tea Party y, en general, de la extrema derecha en todos los estados de la Unión. Pero es patente que el grueso del Tea Party se halla en el Sur y algo menos en el Oeste. La gran concentración es sobre todo en los estados del Sur que formaron parte de la Confederación esclavista en la Guerra Civil. De ellos, Texas aparece a la cabeza del Tea Party, no sólo con los hermanos Koch que lo financian, sino también con el senador Ted Cruz (descendiente de “gusanos” cubanos), de Texas, que hoy dirige con mano de hierro el Partido Republicano.

Esto hacer que un analista, exagerando la nota, llegue a decir: “El shutdown muestra que la Guerra Civil nunca terminó: las líneas de batalla aún sigue trazadas”.[2]

En estos estados, los republicanos y el Tea Party en particular, apoyados en las burguesías y elites locales, han logrado conformar un bloque que no sólo cuestiona al gobierno federal. También han logrado hacer tramoyas en los sistemas electorales que ayudan a su continuidad, y que le dan al mismo tiempo un cierto margen de independencia respecto al Big Business.

Estos cambios electorales son directamente fraudulentos. Se trata esencialmente de borrar del mapa electoral a los pobres, los negros y los latinos. Es decir, excluir al populacho que podría “votar mal”. Esto se logra por varias triquiñuelas, que aprovechan que el sistema electoral de EEUU es el más antidemocrático y tramposo del planeta.

A diferencia de la mayoría de los países civilizados, en EEUU no hay un padrón electoral confeccionado por el estado. Hay que inscribirse para votar. Últimamente, se han dictado leyes para que la inscripción sea muy difícil para negros, latinos o pobres, so pretexto de impedir inscripciones “fraudulentas”. En la práctica, esto se traduce en que toda persona con “mal aspecto” (es decir, pobre, negro o latino) que se acerca a inscribirse, es sospechosa de tener una identidad falsa.

Pero, a los que logren anotarse en el padrón, les espera otra trampa. El antidemocrático sistema yanqui es uninominal. Se elige una sola persona por circunscripción. Entonces, han hecho un “gerrymander”.[3] Es decir un rediseño caprichoso de los distritos electorales de manera que la chusma quede en minoría en relación a los WASP (Blancos, Anglosajones y Protestantes).

Al mismo tiempo, esto le ha dado al Tea Party cierto juego autónomo respecto al Big Business. En EEUU, intervenir en elecciones exige sumas fabulosas. Esto hace a los candidatos absolutamente dependientes de los grandes cotizantes, las grandes corporaciones que están “por encima” de las burguesías y el establishment locales. Pero la “depuración” racial y social de los padrones y los rediseños de los distritos, junto con las contradicciones de los burgueses y notables locales con Washington y Wall Street, han favorecido un voto más “ideológico” (por supuesto, muy volcado a la derecha), sobre todo en las elecciones primarias donde se seleccionan los candidatos. Ya no es tan decisivo recibir millonadas de las corporaciones: ahora es tanto o más importante la movilización local… y el apoyo de su establishment.

Según el Washington Post, “esto explica por qué el Partido Republicano ha aparecido tan indiferente a sus bases de poder tradicionales, como el Big Business. Parte del problema es que el Big Business ha tardado en reconocer cuán extremo es el Tea Party. Se ha quedado atascado en el antiguo relato, en el que su temor eran los demócratas vinculados a los sindicatos. Pero incluso si el Big Bussines hubiera actuado de conjunto, no está claro que a los radicales de la Cámara de Representantes les hubiese importado. Sus fuentes de apoyo, financiación y figuración en los medios le deben muy poco a la U.S. Chamber of Commerce.”[4]

Eso también ayuda a Ted Cruz y el Tea Party a “disciplinar” a los representantes (diputados) republicanos que se oponen a su “extremismo”. Los amenazan que los van a barrer en las primarias del año próximo, si sacan los pies del plato y votan el presupuesto federal. Volcarán los activistas del Tea Party a su distrito para impedir a toda costa su reelección.


[1].- Michael Lind, "Tea Party radicalism is misunderstood: Meet the 'Newest Right'", Salon, October 6, 2013, subrayados nuestros.

[2].- Stephan Richter, “Shutdown shows the Civil War never ended - The battle lines are still drawn”, Salon, October 7, 2013.

[3].- “Gerrymander”, palabra del inglés de EEUU; proviene del apellido de Elbridge Gerry, gobernador de Massachusetts, que en 1812 inventó el sistema fraudulento de rediseñar a su conveniencia los distritos electorales.

[4].- Fareed Zakaria, “A Republican Party no one could control”, Washington Post, October 10, 2013 (subrayado nuestro).


Obama y los demócratas no son una opción “progresista”:
es necesaria una alternativa independiente

“Apagón”… para los trabajadores y los pobres

Por Claudio Testa,
Socialismo o Barbarie, semanario, 10/10/2013

El tira y afloja con los trogloditas del Tea Party ha subido las acciones políticas de Obama y los demócratas. Que el Tea Party no vote el presupuesto porque se opone a que unos 50 millones de estadunidenses tengan un seguro médico parcialmente financiado por el estado, es tan cavernícola que, según las encuestas, ha volcado la opinión pública contra ellos.

Al mismo tiempo, Obama, que en tantos años de gobierno burló el 99% de sus promesas electorales, está con su popularidad en alza.

Sin embargo, Obama (y el presupuesto que presentó al Congreso) es sólo otra versión de los feroces planes de austeridad que exigen sus amos del Big Business y las corporaciones. Si bien el presupuesto asigna fondos para poner en marcha el Obamacare, al mismo tiempo hay recortes feroces en otros rubros no menos importantes, como educación, programas sociales, de alimentos, etc. En cambio, la monstruosidad de gastos militares sigue en pie.

El presupuesto de Obama es escandalosamente regresivo. Es un ladrillo más en el retroceso de la clase trabajadora y los sectores populares, y en la desigualdad de la sociedad estadounidense. Bajo Obama no se ha revertido esto.

“Según la Oficina del Censo de Estados Unidos allí hay más de 46 millones de pobres y más o menos el mismo número de personas que no tiene asegurada la atención médica en caso de enfermedad. Una de cada seis personas pasan hambre, según Feeding America, y casi 700.000 personas están sin ningún tipo de vivienda.”[1]

Lo del déficit del presupuesto es otra cortina de humo que oculta la verdadera situación. Los gastos militares (que nadie piensa recortar substancialmente) superan ese déficit. Si se quisiese equilibrar las cuentas habría que meter la tijera en ese rubro… que por supuesto es intocable en lo substancial.

Otro escándalo mayor y del que tampoco se habla, es que los ricos, aunque son cada vez más ricos… pagan cada vez menos impuestos.

“Según un estudio de Ciudadanos por la Justicia Fiscal los recortes de financiación al sistema educativo de Estados Unidos fueron de 12.700 millones de dólares en 2012. Es más o menos la misma cantidad que han evadido anualmente en impuestos estatales de 2008 a 2010 las 265 mayores empresas del país. Y, según esa misma organización, 26 grandes empresas no pagaron impuestos entre 2008 y 2011 a pesar de haber registrado 205.000 millones de dólares de beneficios.”(Torres López, cit.)

“Otro estudio de Deloitte Center for Financial Services calcula que la riqueza neta de las familias que disponen de más de 1 millón de dólares fue de 38,6 billones de dólares en 2011. Eso significa que con un mínimo impuesto del 2% sería más que suficiente para financiar el déficit previsto para 2013 y que sólo con eso se recaudaría algo más de la mitad de lo que pagan cada año todos los norteamericanos en impuestos individuales.

“La realidad no es que en Estados Unidos se realicen gastos públicos excesivos sino que se recortan impuestos a los ricos para privilegiarlos. Mientras que los impuestos sobre los beneficios empresariales representaban el 6% del PIB de Estados Unidos en los años 50, ahora ni siquiera llegan al 2%. En ese entonces, por cada dólar que pagaba en impuesto un trabajador estadounidense, las empresas pagaban tres. Pero ahora sólo pagan 22 centavos (Five Tax Fallacies Invented by the 1%). Y mientras que en los últimos 20 años los beneficios empresariales se han multiplicado por cuatro, sus impuestos se han reducido a la mitad (In 20 Years Corporate Profits Are Up 4X and Their Taxes Have Fallen by 50%).”(Torres López, cit.)

Bajo el actual gobierno demócrata, este curso de desigualdad y polarización social se ha profundizado. Obama terminará su mandato en el enero del 2015. A pesar del Obamacare, dejará un país aun más desigual del que recibió de manos de Bush.

El mismo “apagón” o “cierre” del gobierno es un escándalo por la forma en que se da. Quedan cerradas principalmente las agencias y servicios que afectan a la población y especialmente a los pobres. Por ejemplo, el reparto de vacunas gratuitas y de “food stamps” (bonos para comprar comida). Pero en EEUU, hay 50 millones de personas con “inseguridad alimentaria” como dicen hipócritamente las estadísticas oficiales para no reconocer que son hambrientos!!

En contraste, el “cierre” no afecta las operaciones militares, que son el principal gasto del gobierno federal. ¡Comida y vacunas, no! ¡Bombardeos y muertes, sí! Para eso no hay “apagón”.

En conclusión: más que nunca en EEUU es necesaria una alternativa política obrera y popular, independiente, tanto de los demócratas como de los republicanos y el Tea Party.



[1].- Juan Torres López, “El capitalismo no da para más”, Público.es, 02/10/2013.


Crisis política en Estados Unidos

“Cierre” del gobierno y amenaza de default a mediados de octubre

Por Claudio Testa,
Socialismo o Barbarie, semanario, 03/10/2013

En los últimos días se ha precipitado una crisis política en EEUU, con anécdotas de “Banana Republic”… y lo peor, sin bananas.

El Senado (mayoría demócrata) y la Cámara de Representantes (diputados, con mayoría republicana) no logran ponerse de acuerdo en votar el presupuesto anual del gobierno federal. La imposibilidad de aprobar en el Congreso un presupuesto, ha determinado un “shut down” (“cierre”, “apagón”) de agencias y oficinas públicas, dejando a 800.000 empleados en la calle y un millón más a los que por ahora se les pide trabajar sin salario no se sabe hasta cuándo.

Entre otras medidas, fue cerrado el ingreso a la Estatua de la Libertad y también el reparto de "food
stamps"
(estampillas de comida) a millones de hambrientos. En cambio, las operaciones militares y
de espionaje de EEUU no fueron afectadas. Los que reciben "food stamps" pueden dejar de comer y
los empleados públicos no cobrar su salario, pero el imperialismo yanqui no puede dejar de matar.

Pero esto podría ser sólo el “aperitivo”. El próximo 17 de octubre se superaría el límite de endeudamiento legal del gobierno federal. La deuda pública de EEUU fue creciendo exponencialmente los últimos años hasta alcanzar hoy aproximadamente los 17,7 billones de dólares (en 2003 era menos de 6 billones y al desatarse la crisis mundial en 2008/09 ya llegaba a 10 billones). Es imperioso que el Congreso de EEUU vote subir el techo de endeudamiento. Si no lo hace, EEUU debería suspender pagos, incluyendo el servicio de los bonos del Tesoro.

Por supuesto, un default de EEUU tendría efectos convulsivos sobre la economía capitalista mundial; en primer lugar, el derrumbe del dólar que pese a todo sigue siendo la principal moneda del comercio internacional y también de reserva. Eso pinta tan apocalíptico, que se supone que los parlamentarios yanquis no serían tan insensatos como para no ponerse de acuerdo, tanto en elevar el “techo” de deuda como en votar finalmente el presupuesto federal.

Sin embargo, crecen los temores en los medios gubernamentales y empresarios de todo el mundo. Es que también se estimaba que lo “lógico” en el “tira y afloja” presupuestario anual, sería ponerse de acuerdo a último momento. Pero eso finalmente no sucedió y se produjo el “apagón” del gobierno.

Hay un precedente de esto. En 1995/96, durante la presidencia de Clinton, al no votarse el presupuesto, hubo también un “cierre” del gobierno que duró 22 días. Pero no tuvo mayores consecuencias. Se daba en otro contexto muy diferente. No estaba en juego el límite de deuda ni menos la posibilidad de default. Y EEUU era la gran “superpotencia”, el indiscutido amo del mundo que había salido triunfante de la “guerra fría”, contra el “Imperio del Mal” y el “socialismo”.

Ahora la situación es muy distinta. Sin haberse derrumbado ni mucho menos, EEUU está hoy en el brete de cómo administrar su decadencia relativa. Esto se expresa a todo nivel.

En el plano internacional, el mes pasado Obama debió tragarse las amenazas de bombardeo a Siria y tomarse del salvavidas que a último momento le tiró Putin para no agravar el papelón. Días después, se deshacía en amabilidades con Hassan Rohani, el nuevo presidente de Irán, con vistas a iniciar negociaciones con un estado que le compite a escala regional y que siempre quiso borrar del mapa.

Divisiones en el “frente interno”

En el “frente interno” las cosas no van mejor. Se ha perdido hace mucho la casi unanimidad que la burguesía, el establishment y también la “opinión pública” tuvieron en los tiempos dorados posteriores al 11 de septiembre de 2001. Primero, el fracaso (aunque no catastrófico) de las aventuras coloniales de EEUU en Medio Oriente, y después el estallido de la crisis mundial en las narices de Wall Street, convirtieron esa unanimidad en una cacofonía.

Este desacuerdo en todo o casi todo que se aprecia en la política y la sociedad estadounidense tiene, por supuesto, grandes límites en cuanto a su temática. Esos límites los determina principalmente el hecho de que la crisis no ha generado un gran ascenso obrero y/o de movimientos sociales, ni tampoco de corrientes políticas independientes y de izquierda. Hubo el movimiento Occupy Wall Street del 2011 como también avances en la sindicalización de nuevas franjas de trabajadores (supermercados, cadenas de comida chatarra, etc.), luchas de sectores de la enseñanza, etc. Pero de allí no decantó una relación de fuerzas diferente.

Sin embargo, eso no implica que los desacuerdos que cruzan la sociedad y la política estadounidense sean menos furibundos. Más aún si en esas peleas se combina la supervivencia de los aparatos y el personal político de los dos (o dos y medio) partidos de la burguesía: los demócratas, que gobiernan, y los republicanos, que hoy están cruzados por una extrema derecha –el Tea Party– que es casi un tercer partido.

Demócratas y republicanos

Los demócratas, los republicanos “moderados” y los rabiosos del Tea Party son todos personal político de la burguesía y las corporaciones de EEUU. En un mundo ideal, deberían tener cuidado en cómo manejan sus diferencias, para no hacer estallar las cosas… como peligra hoy con el tema del presupuesto.

Sin embargo, la historia nos enseña que los “buenos modales” son propios de tiempos de bonanza. Cuando vienen las crisis, las cosas pueden desbocarse. Y más aún cuando median intereses particulares de supervivencia política: en este caso, las elecciones del año próximo, en las que también se disputará la presidencia. De alguna manera, la pelea ya ha comenzado y está cruzando todo.

Los republicanos vienen de perder una elección tras otra. Esto no se debe a la enorme popularidad y éxitos de Obama, sino a que gran parte de electorado lo ve como un “mal menor” frente al extremismo ultraliberal y reaccionario que prima en el Partido Republicano.

Sus sectores “moderados”, que muchas veces pactaron con Obama en el Congreso, están cada vez más “apretados” por una ultraderecha militante que puede decidir o no que vuelvan a ser candidatos en el 2014. Están entre la espada y la pared: el Tea Party es “piantavotos” a escala de todo el electorado; pero al interior del Partido Republicano, el Tea Party es decisivo en muchos lugares para lograr o mantener una candidatura, entre otras razones porque moviliza a los sectores fanáticos de la “derecha cristiana”.

En esa situación, la entente entre demócratas y republicanos “moderados”, que lograba a los tumbos votar leyes en un Congreso así dividido, se acabó frente al decisivo debate del presupuesto.

Pero el panorama cambia cuando se va al conjunto de la sociedad. Así, en este caso del presupuesto, los republicanos y el Tea Party salen malparados en las encuestas. Según el pool realizado por la CNN, sólo el 10% aprueba lo que está haciendo el Congreso y un 87% lo condena.[1] En cambio, un 53% aplaude la gestión de Obama.


[1].- Paul Steinhauser, “Congress, tea party hit all-time low in polling”, CNN, October 1, 2013.


Un forcejeo político que se ha vuelto peligroso

Por Claudio Testa,
Socialismo o Barbarie, semanario, 03/10/2013

En ausencia de una fuerza obrera y popular independiente que actúe como un vector real a la izquierda del gobierno, el juego político estadounidense se desarrolla muy escorado a la derecha

Obama personifica eso. Elegido como el “super-progresista”, que iba a dar un giro de 180º en relación a la era de Bush, Obama estuvo a años-luz de reeditar algo parecido a la presidencia de Roosevelt de los años ’30.

Su lista de promesas incumplidas o directamente traicionadas, llenarían un “Enciclopedia del político estafador”

La eterna justificación de Obama es que, para lograr que el Congreso vote tal o cual cosa, debe negociar votos republicanos. A partir de allí, si su promesa era de 100, Obama comienza a negociar por 10 o por 20. Finalmente, cuando logra 1 o 2, proclama una gran victoria… aunque la mayoría de las veces el resultado es cero. Así, de su larga lista de promesas ha quedado entre poco y nada en ya casi dos períodos de gobierno.

Con esa política “moderada” y “responsable” de negociar permanentemente acuerdos entre demócratas y republicanos, se ha cumplido el mandato de las corporaciones y la gran burguesía de aplicar la “austeridad” como remedio a la crisis. Y al mismo tiempo, avanzar en la superexplotación de los trabajadores, para que el capitalismo estadounidense recobre la “competitividad” en el mercado mundial.

Dentro de eso, Obama dio algunas concesiones que ayudan a “lubricar” el apriete de austeridad generalizado. La principal es la ley de salud, la llamada “Obamacare”. En un país avanzado donde, a diferencia de Europa occidental o Canadá, el Estado se ha desentendido de la salud pública, la reforma del sistema de salud aparece como una conquista. Esto es así a pesar de sus enormes limitaciones y de que no termina con el criminal negocio de las aseguradoras de salud, los sanatorios privados y las compañías farmacéuticas.

Al mismo tiempo, la Obamacare es motivo de furia, especialmente para la extrema derecha del Tea Party. Viola la norma sagrada del ultraliberalismo yanqui: el pobre que no tiene plata para pagar medicina privada… ¡que reviente!

La pelea acerca de la reforma de salud no terminó después de ser aprobada la ley. Ahora, la votación del presupuesto (y posiblemente, en los próximos días, la del “techo” de endeudamiento) la revive. Es que el Tea Party impuso en el bloque republicano que el presupuesto sería aprobado sólo si la reforma sanitaria era derogada… no directamente, pero sí de hecho, negándole fondos. Los republicanos “moderados” se sometieron a esa política, por los motivos reeleccionistas que señalamos en la otra nota.

Pero Obama y los demócratas no pueden, en principio, aceptar un acuerdo tal. Sería su suicidio político: derogar la casi única medida progresiva que cumplieron. Entonces, el mecanismo negociador que facilitó la “gobernabilidad” durante la crisis ha quedado trabado… y con consecuencias potenciales muy graves.

Sin embargo, vistos los antecedentes capituladores y pusilánimes de Obama, que no es un Malcom X sino un Tío Tom, las resultados son impredecibles.