Desasosiegos
Por
Juan Gelman
Página 12, 30/03/06
A Francis Fukuyama se
lo ve medio destanteado. Una vez anunció el fin de la Historia y Ella
no le hizo caso. Abogó como pocos por invadir Irak y ahora dice que
"no hay duda de que el objetivo en Irak ha fracasado... se
comprobó que un ejército de 130.000 estadounidenses no ha podido
contener la animosidad iraquí. Hay que diseñar otros planes. Y el
meollo de la cuestión estriba en reconocer la derrota" (The
Independent, 9–3–06). No es el único "halcón–gallina"
que anda más perdido que Adán en el Día de la Madre.
El republicano
Michael Ledeen, por ejemplo. Fue asesor en antiterrorismo del
secretario de Estado Alexander Haigh en 1981, se caracterizó por su
opulenta relación con la Logia P2, protagonizó el mayor escándalo
político de la era Reagan –Irán–contras– y en 2002 criticaba
en estos términos al ex asesor del organismo de seguridad nacional
Brent Scowcroft: "El teme que si atacamos a Irak 'se producirá
una explosión en Medio Oriente. Podría convertir a toda la región
en un polvorín que acabaría con la guerra contra el terror'. Sólo
cabe desear que convirtamos a la región en un polvorín y, cuanto
antes, por favor". Hoy Ledeen opina que se trata de "una
guerra equivocada, en el momento equivocado, hecha de manera
equivocada, en el lugar equivocado" (www.raws tory.com.news,
20–3–06). Cuántas equivocaciones.
La realidad es
verdaderamente implacable. Hace tres años que EE.UU. ocupa Irak y la
guerra no termina ni llegan "la democracia y la libertad",
ésas con que W. Bush envolvió la agresión. Siguen las bajas
norteamericanas, los atentados suicidas, la acción desembozada de los
escuadrones de la muerte, la resistencia no cesa y el vacío de poder
tiene el tamaño del país. Se deteriora el apoyo a la Casa Blanca de
la opinión pública estadounidense: una encuesta reciente de la
Universidad de Maryland revela que sólo el 28 por ciento de los
interrogados aún confía en que Washington cumplirá sus metas en
Irak (Programme on International Policy Attitudes, 15–3–06). Más
de 2300 efectivos estadounidenses muertos y unos 50.000 heridos después,
el resto opina que esa guerra "no era necesaria para la defensa
de EE.UU.". Y se acercan las elecciones de noviembre del 2006.
El 7 de marzo
comenzaron las primarias escalonadas para elegir candidatos a las 435
bancas de la Cámara de Representantes que se renueva totalmente, a 33
de las 100 senadurías, a 36 gobernaciones de los 50 estados y a
innumerables alcaldías y otros cargos de elección locales. Los
republicanos no reciben buenas noticias en esta precampaña –muchos
simpatizantes están perdiendo la paciencia– y su desasosiego se
acrecentó aún más cuando W. Bush aseguró la semana pasada que la
ocupación ha de durar varios años. El representante Steve Chabot,
republicano de Ohio por un distrito bastante conservador próximo a
Cincinnati, declaraba el viernes 24, luego de visitar a sus
seguidores: "Ahí está el presidente y otros que ahora dicen que
siempre supimos que esto iba a ser largo, pero pienso que la mayoría
de la gente no esperaba que fuera tan duro" (The New York Times,
25–3–06). Los neoconservadores, tampoco.
Richard Norman Perle,
presidente de la Junta Asesora de Políticas del Pentágono hasta 2004
–año en que debió renunciar por un notorio tráfico de
influencias– y ardiente promotor de la invasión a Irak, acaba de
enojarse con la guerra. "Al invadir Irak –tronó–, el
gobierno Bush cumplió una profecía anunciada: Irak ha reemplazado a
Afganistán como magneto, campo de entrenamiento y base operativa de
los jihadistas, que tienen numerosos blancos norteamericanos contra
los que disparar." No habrá sido Perle el que acuñó la profecía:
acostumbraba a proclamar que EE.UU. lograría una victoria completa en
pocos meses. El Partido Republicano se queja de que los asesores de
Bush "están cansados, son estrechos de miras y carecen de
ideas" (CBS/AP, 28–3–06), de modo que el martes pasado
presentó su renuncia Andy Card, jefe del gabinete de W., y vendrán
otros cambios. No parece que vayan a modificar el rumbo que la Casa
Blanca inició con la invasión a Irak, "el mayor desastre estratégico
de la historia de Estados Unidos", según calificó el teniente
general (R) William Odom, veterano de Vietnam.
El Partido Demócrata
–que apoyó unánimemente la invasión– espera pescar votos en
este río revuelto de "halcones" que desertan y de
escepticismo dominante, sin duda alentado por un sondeo de la revista
Newsweek: el 50 por ciento de los encuestados expresó el deseo de que
los demócratas controlen el próximo Congreso, contra el 34 por
ciento que insiste en los republicanos (Los Angeles Times,
26–3–06). Pero es temprano para las predicciones: otro atentado
terrorista en territorio de EE.UU., digamos, volcaría a la opinión pública
norteamericana en favor de la continuación de la política de guerra.
O un autoatentado terrorista, da igual.
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