Formación

 

Milcíades Peña

Introducción al pensamiento de Marx - 03

Tercera parte

(La conciencia y la "teoría del reflejo")

¿Qué significa entonces la afirmación de que la conciencia "refleja" al objeto? Toda nueva concepción del mundo debe trabajar con la terminología forjada por el desarrollo anterior de la humanidad. Pero como la nueva concepción del mundo aporta contenidos nuevos al conocimiento, ocurre que esa vieja terminología no le sirve en gran parte más que como metáfora, o como ejemplo para hacerse entender, pero no expresa perfectamente lo que la nueva concepción quiere expresar. Así, por ejemplo, el marxismo habla de que la conciencia "refleja" la existencia. Pero esta expresión –"refleja"-, tomada de la ciencia natural del siglo pasado, para el marxismo es sólo una metáfora, un ejemplo para hacerse entender.

La palabra "reflejo" no describe exactamente lo que el marxismo afirma respecto a la relación entre sujeto y objeto, porque el marxismo comienza por negar que el ser y la consciencia sean cosas estáticas, aisladas, situadas una fuera de la otra y sin otra relación que un contacto externo, como, por ejemplo, el de un cuerpo que choca con otro. Y sin embargo, el concepto de "reflejo" significa, precisamente, e implica, una concepción de dos cosas completamente distintas y externas una respecto de la otra. Vale decir que la palabra reflejo sólo refleja muy imperfectamente el pensamiento marxista, porque está tomada de concepciones anteriores, que el marxismo. Igual ocurre, como veremos más adelante, con la expresión de Marx de que la economía constituye la "anatomía" de la sociedad).

Lefebvre ha afirmado recientemente que "nada es más contrario a la dialéctica marxista que colocar lo real de un lado y en otro su reflejo en la cabeza de los hombres". Tiene completa razón. Porque el marxismo pone el énfasis no en la llamada realidad, en las cosas que están fuera del hombre, sino en la actividad creadora del hombre que conoce, transforma y crea esa realidad y esas cosas exteriores. Por supuesto, los críticos stalinistas acusan a Lefebvre de no ser materialista, porque para los aparatos lo fundamental es ser materialistas en el sentido de adaptarse a las condiciones existentes. Y los críticos stalinistas pretenden cubrirse con citas de Lenin acerca de la teoría del reflejo. Pero en su obra filosófica más profunda y madura, en sus apuntes sobre la Lógica de Hegel, Lenin escribe: "El conocimiento es el reflejo de la naturaleza del hombre. Pero no es éste un reflejo simple, inmediato, total; este proceso consiste en toda una serie de abstracciones, de formulaciones, de formaciones de conceptos, etc." (Cuadernos filosóficos, traducción de MP). Y más adelante: "El reflejo de la naturaleza en el pensamiento humano no se debe comprender como algo muerto, ‘abstracto’, sin movimiento, sin contradicciones; al contrario, es necesario comprenderlo como el proceso eterno del movimiento, del nacimiento y negación de las contradicciones". Y Lenin agrega, finalmente, que "la consciencia humana no solamente refleja el mundo objetivo, sino que también lo crea".

Efectivamente, si el concepto, el conocimiento, "refleja" a la realidad exterior, también es cierto lo contrario, la realidad exterior, en la medida en que es modificada y creada por el hombre, "refleja" al concepto. El sujeto "refleja" en su consciencia al objeto, pero entonces el objeto "refleja" también al sujeto que fue capaz de crearlo o modificarlo. El hombre no se limita a tomar fotografías de la realidad; el hombre construye la realidad. Por eso, mejor que de reflejo –que sugiere una recepción pasiva- hay que hablar de interacción, de relación, de proyección del objeto en el sujeto, y de proyección del sujeto en el objeto.

Como dice Hegel: "El hombre tiende a manifestarse a sí mismo en aquello que existe como algo exterior a él. Realiza este fin haciendo cambiar las cosas exteriores, a las cuales imprime el sello de su interior, encontrando en ellas, así, su propio destino". "El sujeto –dice Hegel- no ve en ello que se enfrenta a nada extraño, un límite ni una barrera, sino que se encuentra solamente a sí mismo".

Engels ha dicho que "la unidad del mundo consiste en su materialidad demostrada por el largo y laborioso desarrollo de la filosofía y de la ciencia". Con esto tenemos una valiosa clave para comprender la concepción marxista de la relación entre sujeto y objeto, entre el ser y la consciencia. Es el trabajo del hombre condensado en el conocimiento filosófico y científico, es el trabajo del hombre, dice Engels, lo que demuestra la unidad material del mundo. Vale decir que la captación de que existe un objeto dotado de unidad material, lejos de ser un simple "reflejo", de que existe un objeto independiente del sujeto, es el resultado de la acción recíproca entre el sujeto y objeto, de su interacción, de su unidad contradictoria.

¿Y qué afirma el marxismo sobre la conciencia? El marxismo afirma que la conciencia –lo que el hombre piensa de sí mismo y de lo que lo rodea- no puede explicarse a sí misma. El marxismo trata de captar cuáles son las condiciones de la conciencia, es decir, cómo y por qué el hombre llega a creer algo de sí y sobre el mundo. El marxismo hace la crítica de la conciencia y de las condiciones en que surge la conciencia, y demuestra que la conciencia puede ser verdadera o falsa. Y la clave para comprender el porqué está en la historia del hombre. Por eso Marx dice que "no es la conciencia lo que determina la existencia, sino su existencia social lo que determina su conciencia" (Prólogo de 1859 a la Crítica de la economía política).

El marxismo demuestra que la conciencia está determinada, es decir, que no existe en el aire ni flota en las nubes, sino que tiene sus raíces en la tierra. Pero atención: si el marxismo afirma que la conciencia está determinada, afirma también que está determinada como conciencia, vale decir, que puede explicarse cómo el medio actúa sobre la conciencia, pero que de ningún modo puede reducirse la conciencia a un mero reflejo del medio. El idealismo coloca a la conciencia entre las nubes, como prolongación de Dios, de la Idea o de cualquier fuerza mística extraterrena, y le atribuye una autonomía y un poder sin límites. El materialismo vulgar, por el contrario, reduce a nada la conciencia y le quita toda autonomía, considerándola como una mera secreción cerebral, como una especie de caspa que sale en forma de ideas que no hacen más que "reflejar" –como fotografías- el objeto exterior. El marxismo muestra que las raíces de la conciencia están en la tierra y en la sociedad, que la conciencia no es omnipotente; está condicionada. Pero el marxismo no coloca la conciencia al nivel de la caspa, no la reduce a un mera fotografía de lo exterior. El marxismo coloca la conciencia entre las más altas realidades humanas, y se esfuerza para que la conciencia, captando las condiciones que la originan e inciden sobre ella, sea cada vez más lúcida y eficaz.

El desprecio por la conciencia y por sus problemas es totalmente extraño al marxismo. La gran batalla del marxismo se libra precisamente en el terreno de la conciencia. El marxismo lucha para modificar la conciencia de las clases oprimidas, para que éstas tengan una conciencia veraz de su situación y de la necesidad de revolucionarla.

(Necesidad del socialismo)

¿De qué naturaleza son los juicios que hace el marxismo sobre la realidad social? Marx demostró la necesidad del socialismo no en base a juicios éticos o morales sobre lo que debe ser, sino en base a lo que es la realidad capitalista y a sus perspectivas de evolución. Pero para el pensamiento marxista los juicios éticos o de valor –"lo que debe ser"- están inseparablemente unidos a los juicios de hecho, que se atienen a explicar "lo que es". El marxismo afirma que la necesidad del socialismo está objetivamente fundada en la estructura y la evolución del capitalismo, pero afirma también que el socialismo no vendrá por sí solo, como viene la lluvia de las nubes. El socialismo vendrá porque el hombre hace un juicio de valor y dice: "El capitalismo no puede ser, el socialismo debe ser", y lucha por esto y logra la transformación.

Los filósofos supuestamente marxistas de los grandes aparatos obreros –la II Internacional, y después el stalinismo- han eliminado esta profunda unidad dialéctica entre juicios de valor y juicios objetivos, y pretendieron transformar la teoría marxista del socialismo en una especie de física de la sociedad, en una supuesta ciencia que afirma que el socialismo es necesario independientemente de la voluntad de los hombres e independientemente de que los hombres lo consideren bueno o malo.

Por el contrario, el marxismo afirma que la sociedad no puede ser estudiada "objetivamente", al estilo de las ciencias naturales que estudian la física o la química. El marxismo demuestra que en el estudio de la sociedad y en los juicios sobre ella siempre interviene, además del conocimiento objetivo que describe, lo que es el juicio de valor que afirma lo que debe ser y lo que quiere que sea. Esto es así porque los hombres que conocen la sociedad y la historia son los mismos que hacen la sociedad y la historia. Y por lo tanto el conocimiento de la vida social y la historia no es ciencia sino conciencia. Por eso, toda separación de juicios de valor y juicios de hecho, toda separación de la teoría y la práctica, del conocimiento de lo que es y de la aspiración a lo que debe ser, es irrealizable cuando se trata de la comprensión de la historia de la sociedad.

Al comprender que por toda la estructura de la sociedad capitalista es necesario el advenimiento del socialismo, el marxismo afirma también que el socialismo debe ser, que el socialismo es conveniente para el hombre, y por lo tanto que el hombre debe tomar conciencia de esto y debe conscientemente trabajar para el advenimiento del socialismo.

Pero si, como afirmaban los escolásticos de la burocracia reformista de la II Internacional, o los escolásticos de la burocracia moscovita, el socialismo es una cosa que ya está inscripta en los hechos, si es algo que vendrá sea bueno o no, quiera el hombre o no, con tanta seguridad como vendrá la luz solar mañana a la mañana, entonces el papel consciente revolucionario del hombre queda reducido a nada, y en cambio se eleva a las nubes a los aparatos burocráticos, cuya función sería esperar que se realice esa supuestamente ineluctable aparición del socialismo.

El fatalismo mecanicista que supone que el socialismo es inevitable, independientemente de que el hombre lo quiera o no, otorga sin duda una gran tranquilidad de espíritu, robustece la fe de los creyentes; es casi una religión. Pero no tiene nada que ver con el marxismo.

El marxismo pone énfasis en la voluntad real y actuante del hombre. Los fatalistas, en cambio, sustituyen la voluntad consciente que actúa en procura de un fin y la reemplazan por un acto de fe simple y apasionada en un supuesto fin inevitable de la historia. Para esta gente, la Historia, así con mayúscula, viene a sustituir la fe en la Divina Providencia con que se consuelan los religiosos. El marxismo, repitámoslo, es justamente la antítesis y la negación de todo esto.

(La praxis)

Y así nos acercamos al último gran problema de la filosofía marxista que enfocaremos hoy. El marxismo habla de unidad inseparable de teoría y práctica. El marxismo no cree que ambas sean cosas distintas que se complementan entre sí. El marxismo niega que la teoría sea un "complemento" de la práctica, o viceversa. Para el marxismo, teoría y práctica no son más que momentos de un mismo proceso que es la praxis, es decir, la acción del hombre.

La concepción marxista de la praxis significa la mundanización, la terrenización absoluta del pensamiento. Praxis significa que quien forja al hombre, a su mundo, a su destino, no es ninguna fuerza extrahumana ni infrahumana. Praxis significa que el hombre no es producido ni condicionado por Dios, como tampoco por la Historia, la Razón, el instinto, la herencia, el medio, la raza, etc. Praxis significa que lo único que produce al hombre y que lo condiciona es la propia actividad teórico-práctica del hombre.

Veamos algunos párrafos de las "Tesis sobre Feuerbach" donde Marx insiste en el problema de la praxis:

"El defecto fundamental de todo el materialismo anterior (...) es que sólo concibe la cosa, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de intuición, pero no como actividad sensorial humana, como práctica, no de un modo subjetivo. De ahí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo (...)" (Tesis I).

"El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y la fuerza, la terrenalidad de su pensamiento (...)" (Tesis II).

"La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación (...) olvida que las circunstancias son cambiadas precisamente por los hombres... La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria (...)" (Tesis III).

"...la esencia humana no es algo abstracto, inherente a cada individuo. Es en realidad el conjunto de las relaciones sociales (...)" (Tesis VI).

"La vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica" (Tesis VIII).

"Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo" (Tesis XI).

(El marxismo, totalidad abierta)

Para terminar, hagamos perfectamente claro algo que es fundamental para comprender la filosofía marxista. La filosofía marxista constituye lo que Lefebvre, y antes de él Labriola y Gramsci, denominan una "totalidad abierta". Es totalidad porque es una filosofía que abarca el conjunto de los problemas, que no es parcial o fragmentaria sino total. Una filosofía que no es un conjunto de teorías dispersas, sino un todo sistemático, con una estructura y una organización interna. Por eso el marxismo es una totalidad. Pero es una totalidad abierta, porque no es un sistema cerrado, es decir, que pretende estar terminado, listo para la eternidad y para ser aprendido de memoria. Al contrario, el marxismo reclama el aporte continuo de nuevos datos, de nuevos enfoques, que se articulan con los datos ya existentes y hagan así cada vez más completa y más profunda la concepción marxista del mundo.

Para comprender mejor qué es esto de una totalidad abierta, no hay más que observar lo que es un ser vivo. Un ser vivo es una totalidad con una estructura, pero es una totalidad en movimiento, una totalidad que continuamente incorpora nuevos elementos, que tiene conflictos, que se modifica pero sigue siendo esencialmente el mismo. Eso es también el marxismo: una totalidad abierta, que se enriquece con cada avance del conocimiento humano.

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