Formación

 

Milcíades Peña

Introducción al pensamiento de Marx - 05

Quinta parte

(Marxismo y economicismo)

Vemos entonces que a distintas organizaciones sociales corresponden distintas personalidades humanas, distintas "naturalezas" humanas. Pero ¿cuáles son los aspectos decisivos, los puntos neurálgicos en que origina la diferencia entre una sociedad y otra? El marxismo responde a esto con el concepto de "relaciones de producción".

"Hay –dice Marx- una verdad de evidencia tal que se impone darla por presupuesta y admitida. Y consiste ella en que el hombre, a fin de poder vivir, tiene que satisfacer ciertas necesidades ineludibles: ante todo la de alimentarse, cubrir su desnudez, cobijarse bajo techado, etc. Si no las satisface, no podrá vivir, ni menos aún hacer historia. En consecuencia, el primer hecho de la historia del hombre –hecho que debe cumplirse cada día y cada hora, hoy como hace siglos- estriba en producir los medios con que sostener su vida material. (...) Lo primero, pues, que debe proponerse todo historiador es examinar en todo su significado y hacer justicia a este hecho fundamental. (...)

"Es un hecho, pues, que determinados individuos que trabajan y producen de determinada manera contraen relaciones sociales y políticas. ¿Cuál es concretamente ese vínculo que media entre la organización social y la producción? A eso no cabe responder por vía especulativa. Ella debe estudiarse empíricamente en cada caso (...) En cualquier período histórico que consideremos hallaremos una suma de fuerzas productivas, de circunstancias, de un modo de relacionarse los individuos con la naturaleza y entre sí, que la generación de ese período ha recibido en herencia de la inmediata precedente. La nueva generación modifica sin duda el patrimonio legado por la generación anterior. Pero eso no quita que aquél influya poderosamente sobre ella, prescribiéndole el camino por donde ha de desenvolverse y confiriéndole carácter especial. Por tanto, las circunstancias hacen a los hombres no menos que los hombres a las circunstancias. Esta suma de fuerzas productivas y formas de relación social, que cada individuo y cada generación encuentra ante sí como algo independiente de su voluntad, es el fundamento real del hombre..." (La ideología alemana).

"Los mismos hombres que establecen las relaciones sociales conforme a su productividad material, producen también los principios, las ideas, las categorías, conforme a sus relaciones sociales" (Miseria de la filosofía).

Ahora bien: estas ideas, estas categorías o estas creencias populares tienen la misma energía que una fuerza material. En las relaciones sociales no hay fuerza material pura; la fuerza material se acompaña de una forma ideológica, y la forma ideológica tiene un contenido material. "Los hombres hacen su propia historia –explica Marx- pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y transmiten el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos" (El 18 brumario de Luis Bonaparte, I).

Cuando Marx habla de "economía" no se refiere a la producción en general, sino a las relaciones de producción, es decir, a las relaciones de los hombres con la naturaleza y entre sí en torno a los medios de producción.

Casi desde el momento en que comenzó a difundirse el pensamiento marxista fue calumniado –por enemigos y por supuestos partidarios- con la afirmación de que el marxismo es una "interpretación económica de la historia". Ya veremos que esto es totalmente falso. Lo único cierto es que el marxismo puso énfasis en la necesidad de estudiar la organización económica de la sociedad.

Para captar sin deformaciones qué es lo que el pensamiento marxista afirma sobre la naturaleza de la organización social, es necesario abandonar expresiones como "estructura económica" o "base económica" de la sociedad. Marx y Engels –sobre todo Engels- utilizaron a veces estas expresiones para hacer su pensamiento más accesible, más didáctico. Pero hoy día, a fuerza de simplificar esas expresiones, a fuerza de repetirlas como recetas y desglosarlas del conjunto del pensamiento de Marx, esas palabritas "estructura" o "base" sirven para deformar el marxismo. Por eso nosotros preferimos no hablar de "estructura" y menos aún de "base" sino de formación económico-social, concepto que amplía Marx en El capital. En tres palabras cargadas de sentido, explica Lefebvre, este concepto designa los elementos de la sociedad y reconstruye su totalidad indicando que esa totalidad es un devenir, una historia. Debemos distinguir lo económico de lo social, que son dos niveles de la realidad. Tomados aisladamente son abstracciones unilaterales. Lo concreto no existe sino en su unidad, y solamente se lo capta concibiendo su unidad.

La relación entre lo económico y lo social –explica Lefebvre- no puede concebirse como una unidad confusa, ni como una jerarquía estática, ni como una simetría, ni como una reducción, ni como ningún otro tipo de relación lógica. Marx compara lo económico al esqueleto, y su estudio a la anatomía, mientras que la ciencia de lo social se aproximaría a la fisiología. En un sentido, por lo tanto, lo económico es más real que lo social: el organismo superior tiene necesidad de un esqueleto; sin embargo, lo fisiológico es superior a su "condición", porque sólo él vive. Lo social representa un desarrollo de la economía, representa el desarrollo de sus contradicciones. Los fenómenos sociales son más ricos, más complejos que su esencia "económica".

Ahora bien, en esencia, la formación económico-social consiste en esto: hombres que establecen determinadas relaciones con otros hombres. Como explicaba Labriola, "en las vulgarizaciones de la sociología marxista, las condiciones, las relaciones, las correlatividades de coexistencia económica se transforman (...) en alguna cosa existiendo imaginariamente por encima de nosotros, como si en el problema hubiera otros elementos que éstos: individuos e individuos, es decir, locatarios y propietarios, terratenientes y arrendatarios, capitalistas y asalariados, patrones y domésticos, explotados y explotadores, en una palabra, hombres y otros hombres que, en condiciones dadas de tiempo y lugar, se hallan en relaciones diferentes de dependencia recíproca..." (Filosofía y socialismo, subrayado de MP).

Dice Engels que "la concepción materialista de la historia parte de la tesis de que la producción y con ella el intercambio de lo producido es la base de todo orden social" (AntiDühring, subrayado de MP). Este párrafo es extremadamente peligroso para la comprensión del auténtico pensamiento marxista si quedan sin aclarar dos cosas fundamentales: 1) la "producción" a que se refiere Engels no debe entenderse como producción en general, como proceso técnico de producir, sino en el sentido de las relaciones de producción, es decir, las relaciones que los hombres contraen en el proceso de producción y reproducción de su vida; 2) "base" es aquí una mala palabra, porque sugiere algo estático y netamente separado y separable de lo que está sobre la base. Pero, en realidad, las relaciones que losa hombres contraen en el proceso de producción son dinámicas por definición; además, estas relaciones sólo pueden separarse de todas las restantes en el análisis, en la abstracción del pensamiento, pero en la realidad están inseparablemente unidas.

Esto que acabamos de decir, ¿significa que Engels "se equivocó" o que conscientemente deformó el pensamiento marxista que él mismo contribuyó a crear? No. Lo que ocurre es que, como explica Lefebvre, "después de haber contribuido a la formación del marxismo, Engels se ocupó de exponerlo didácticamente... Pese a su genio, igual al de Marx, Engels tendía a simplificar pedagógicamente los problemas, a suponerlos resueltos, y por eso a esquematizar y sistematizar" (Problemas actuales del marxismo, III).

Y ya al término de su vida el propio Engels advirtió los tremendos peligros que significaba para el marxismo esa simplificación pedagógica de su pensamiento; por eso afirmaba Labriola que leyendo sus cartas últimas "se ve claramente que Engels temía que el marxismo se hiciera muy rápido una doctrina barata" (Filosofía y socialismo). Por eso, para hacerle justicia a Engels y para comprender el auténtico pensamiento marxista, conviene leer esas últimas cartas de Engels, que son sus últimas obras teóricas:

"La concepción materialista de la historia también tiene hoy día un montón de amigos a quienes les sirve de excusa para no estudiar historia. (...) En general, la palabra materialista les sirve a muchos jóvenes escritores alemanes de simple frase mediante la cual se rotula, sin más estudio, toda clase de cosas; pegan esa etiqueta y creen que la cuestión está resuelta. Pero nuestra concepción de la historia es, por sobre todo, una guía para el estudio... Es necesario reestudiar toda la historia, deben examinarse en cada caso las condiciones de existencia de las diversas formaciones sociales antes de tratar de deducir de ellas los conceptos políticos, jurídicos, estéticos, filosóficos, religiosos, etc." (Carta a Conrad Schmidt, 5-8-190). Obsérvese cómo aquí Engels no habla de "base" sino de "formación social".

Y en otras cartas dice: "Según la concepción marxista de la historia, el elemento determinante de la historia es en última instancia la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto; por consiguiente, si alguien lo tergiversa transformándolo en la afirmación de que el elemento económico es el único determinante, lo transforma en una frase sin sentido, abstracta y absurda" (Carta a J. Bloch, 21-8-1890). Recordemos lo que quiere decir concreto y abstracto; hablamos de eso en la reunión en que trabajamos sobre Hegel.

"Marx y yo tenemos en parte la culpa de que los jóvenes escritores le atribuyan a veces al aspecto económico mayor importancia que la debida. Tuvimos que subrayar este principio fundamental frente a nuestros adversarios, quienes lo negaban, y no siempre tuvimos tiempo, lugar ni oportunidad de hacer justicia a los demás elementos participantes en la interacción. Pero cuando se trata de presentar un trozo de historia, esto es, de una aplicación práctica, la cosa es diferente y no hay error posible" (Carta a J. Bloch del 21-9-1890).

"No tiene más que mirar El 18 brumario de Marx, que trata casi exclusivamente del papel particular desempeñado por las luchas y acontecimientos políticos, desde luego dentro de su dependencia general de las condiciones económicas. (...) Lo que les falta a esos señores es dialéctica. Nunca ven otra cosa que causa por aquí y efecto por allá. El que esto es una abstracción vacía, (...) y el que todo es relativo y nada absoluto, esto nunca terminan de verlo. Para ellos Hegel nunca existió" (Carta a Conrad Schmidt, 27-10-1890).

Queda claro entonces que el marxismo, como todas las esferas en que transcurre la actividad del hombre, es una esfera concéntrica, y que en el centro –centro que es a la vez punto de partida y el límite de todo el conjunto- se hallan las relaciones que los hombres contraen en el proceso de producción y reproducción de su vida. Esto no significa, de ningún modo, que todo lo que el hombre hace esté directamente vinculado a las relaciones existentes en torno a la producción. Como plantea Antonio Gramsci "La pretensión de presentar y explicar toda fluctuación de la política y de la ideología como una expresión inmediata de la estructura debe ser combatida teóricamente como un infantilismo primitivo, y prácticamente debe ser combatida con los testimonios auténticos de Marx, escritor de obras políticas e históricas concretas" (El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, traducción de MP).

Esta interpretación concreta, fresca, esencialmente dialéctica del pensamiento marxista la encontramos en la primera obra de Lenin, que escribió cuando tenía 24 ó 25 años. En ella Lenin pone el énfasis en el concepto marxista de "formación económico-social", y cita este concepto de Marx. Y polemiza contra quienes tergiversan el marxismo, pretendiendo reducirlo a un determinismo económico y "atribuyéndole el propósito absurdo de no tomar en consideración todo el conjunto de la vida social". Y Lenin afirma que los marxistas "han sido los primeros socialistas que señalaron la necesidad de analizar no sólo el aspecto económico, sino todos los aspectos de la vida social", ¡y para demostrarlo cita los trabajos de la juventud de Marx, los trabajos de 1843! (Quiénes son los Amigos del Pueblo). Es decir: Lenin, aunque su formación filosófica es entonces todavía elemental, aunque no ha trabajado a Hegel, capta lo esencial del marxismo, que busca captar concretamente a la sociedad y no la "divide" torpemente en "lo económico", que sería "lo fundamental", y "lo ideológico", que sería "lo secundario".

Por el contrario, en Stalin vemos desde el comienzo y hasta su última obra un pensamiento torpemente mecanicista, que considera al marxismo como un sistema de verdades listo para que los escolares lo aprendan de memoria y que intenta torpemente "explicar" todo como un simple producto de la economía o la clase social. Veamos este párrafo de una de las primeras obras de Stalin que en calidad de pensamiento es tan antimarxista como la última que escribió antes de morir: "La vida contemporánea está montada según normas capitalistas; en ella existen dos grandes clases: la burguesía y el proletariado. En correspondencia con estas dos clases hay una doble conciencia de clase, burguesa y socialista. La segunda se ajusta a la situación del proletariado" (Anarquismo y socialismo, 1905).

 

(Concepción materialista de las ideologías)

El hacer y el pensar están inseparablemente unidos, son momentos inseparables de una misma actividad humana, pero no son idénticos. Lo que el hombre piensa sobre lo que hace no siempre coincide con lo que en realidad hace. Hay profundas influencias de orden social –en primer término la lucha de clases- y de origen afectivo –esencialmente el sexo- que inciden para que el hombre se engañe a sí mismo acerca de su actividad y de sus obras.

Tomemos el caso de nuestro grupo. Todos los que estamos aquí tenemos ciertas ideas acerca de la existencia y las funciones de este grupo y de sus relaciones con otros grupos. Ahora bien: estas ideas pueden no coincidir con lo que realmente es este grupo, con lo que realmente hace. Y para comprender realmente lo que este grupo es, no podríamos basarnos en lo que sus integrantes creen, sino en lo que el grupo hace.

Esto vale no sólo para nuestro grupo sino para toda la sociedad. El marxismo busca "la base real de la ideología" (La ideología alemana), es decir, cuáles son las condiciones en las que se origina lo que el hombre piensa que él es. "En la vida corriente –dice Marx- cualquier tendero sabe distinguir muy bien entre lo que alguien pretende ser y lo que de veras es. Lo que es nuestros historiadores, no han alcanzado ese trivial conocimiento. Ellos le creen bajo palabra a una época que es realmente lo que dice y lo que imagina ser. (...) Habrá que rastrear en las ilusiones, sueños y torcidas imaginaciones (...) que se explican muy sencillamente por su posición en la vida, sus ocupaciones y la división del trabajo" (La ideología alemana).

"La voluntad está movida por la pasión o por la reflexión. Pero los resortes que a su vez mueven directamente a éstas son muy diversos. (...) Hay que preguntarse qué fuerzas propulsoras actúan, a su vez, detrás de esos móviles. (...) Todo lo que mueve a los hombres tiene que pasar necesariamente por sus cabezas, pero la forma que adopte dentro de ellas depende en gran parte de las circunstancias" (Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana). Y esas circunstancias son, en esencia, el sistema de relaciones entre los hombres.

La psicología moderna comprende que los actos del enfermo mental no son meras "locuras" carentes de sentido, sino que tienen un profundo sentido cuya explicación ha de encontrarse en la vida del enfermo. El marxismo comprendió mucho antes que toda ideología –incluyendo el prejuicio y la creencia en los demonios- tiene un sentido que hay que buscar en la vida real de la sociedad. El pensamiento racionalista clásico se ocupaba de comparar las ideologías entre sí y con la realidad y, según lo que surgiera de esa comparación, distinguía entre ideologías ciertas y falsas, considerando a éstas un producto de la estupidez, del prejuicio o de la mala fe. El marxismo va mucho más allá. El marxismo comprende que "toda idea, aunque se falsa, tiene raíces en la realidad. (...) Aun las fantasmagorías que se finge en su cerebro se asientan necesariamente sobre su vida material, comprobable por vía empírica, ligada a ciertos presupuesto materiales: son sublimaciones de ella [de la vida material]" (La ideología alemana).

El marxismo estudia al hombre –es decir, a la sociedad- procurando captarlo concretamente, tal cual es en la vida real. "Nuestro punto de partida –dice Marx- no es arbitrario. No es ningún dogma. Se halla en la realidad. (...) Nuestro punto de partida son los individuos reales, su acción y sus condiciones de vida materiales, tanto las que se encuentran realizadas como las que se realizan merced a aquélla" (La ideología alemana).

 

(Teoría de las clases sociales)

Ahora bien: el marxismo afirma que hay un aspecto de la realidad que es el que más profundamente penetra al hombre y más completamente lo circunscribe, condicionando el curso general de su vida exterior e interior. Ese aspecto de la realidad es la clase social a la que pertenece el individuo.

"Nosotros –dice uno de los pocos filósofos marxistas que existen hoy en día- vemos en la existencia de las clases sociales y en la estructura de sus relaciones el fenómeno clave para la comprensión de la realidad social, y esto no por razones dogmáticas de fe o de ideas preconcebidas, sino simplemente porque nuestra propia investigación, así como todos los trabajos que hemos podido conocer, nos han demostrado siempre la importancia excepcional de este grupo social con relación a todos los otros" (L. Goldmann, Ciencias humanas y filosofía, traducción de MP).

Efectivamente, todo el trabajo de la sociología no marxista de nuestros días –trabajo que se realiza principalmente en EE.UU., ciudadela del imperialismo, al grito de ¡abajo Marx!- no hace más que poner en evidencia, empírica y hasta matemáticamente, la decisiva importancia de las clases sociales en la configuración del hombre contemporáneo. Vemos así que un sociólogo yanqui, reuniendo una gran masa de información, dice que "el sueño americano de la igualdad de oportunidades tiende a despreciar la importancia de las diferencias sociales. Nuestros clisés culturales afirman que ‘no hay clases en Estados Unidos’. Pero la circunstancia de que la gente sea propensa a confundir sus sueños con la realidad y no sea plenamente conciente de la influencia de factores de clase sobre su conducta y su experiencia no significa que las clases sociales no existan. Las diferencias de riqueza, de ingresos, de ocupación, de prestigio, de autoridad y de poder, que son todas manifestaciones de la estructura de clase, representan realidades básicas de nuestra existencia" (Mayer, 1955).

Y agrega: Todo, desde la probabilidad de permanecer vivo durante el primer año de vida hasta la probabilidad de conocer las mejores obras de arte, la probabilidad de crecer sano y fuerte, y si se enferma de curarse rápidamente, la probabilidad de evitar convertirse en delincuente juvenil, y la probabilidad de obtener una educación superior –todas estas probabilidades de vida- están crucialmente influenciadas por la posición que se ocupa en la estructura de clase".

¿En qué se revela la posición de clase? En una batería de características, en una constelación de situaciones entre las cuales tenemos: la ocupación, el ingreso, la riqueza, la duración de la vida, la salud física y mental, la educación, la protección que acuerda la justicia, la conducta sexual y familiar (Informe Kinsey), las características temperamentales, etc.

Las investigaciones demuestran que la clase social es una constelación, una configuración, una totalidad de condiciones y formas de vida, que siempre tienden a marchar juntas, y que se estructuran en torno a la relación que diversos grupos humanos establecen respecto de otros, en el proceso de trabajo mediante el cual se mantiene la sociedad entera.

Esas investigaciones demuestran que existe una elevada correlación matemática –estadísticamente comprobable- entre condiciones y formas de vida tales como: a) la propiedad (o falta de propiedad) de medios de producción, de transporte, de cambio, etc.; b) la ocupación; c) el nivel de ingresos y la riqueza; d) el poder (la capacidad de controlar a otros); e) el prestigio; f) la educación. Esas mismas investigaciones psico-sociales están revelando concretamente cómo la clase modela la personalidad. Empíricamente se está constatando cómo y a través de qué mecanismos los niños de las clases dirigentes van estructurando una personalidad audaz, agresiva, confiada, segura de sí misma, ambiciosa, mientras que todo lo contrario ocurre con los niños de las clases explotadas.

En fin, estos estudios insospechables de marxismo confirman lo que Marx afirmaba en 1846: En todas las épocas, el pensamiento de la clase que se halla en la cima del poder ejerce un predominio absoluto. La clase que impera en la sociedad materialmente, impera a la par espiritualmente. La clase que tiene a su alcance los medios para la producción material, dispone también de los medios para la producción espiritual [ante todo, el tiempo. MP], de modo que impone su pensamiento a los que, por carecer de los medios materiales, no pueden ser productivos espiritualmente" (La ideología alemana).

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